Encabezado eft
65 años de la Revista Derecho Laboral, Montevideo

 

Felicitamos a nuestros amigos y agradecemos a nuestro maestro, don Héctor-Hugo Barbagelata,  por haber construido este importante mojón de la  historia latinoamericana.

 

65 años dela Revista Derecho Laboral, Montevideo
Aula Pablo de María (25/07/2013)
Celebración del 65º Aniversario de la Revista de Derecho Laboral
Palabras del Profesor Emérito Dr. Héctor-Hugo Barbagelata, nuestro maestro y amigo
Estimados amigos
Mis primeras palabras serán para expresar admiración y un muy agradecido recuerdo al Profesor Francisco De Ferrari, quien   con notable visión de futuro lanzó  e hizo fructificar  tempranamente la idea de una revista  especializada en la materia, entendiendo, como luego resultó probado,  que ya era tiempo  para que en nuestro país se promoviera el interés  por la temática jurídico-laboral, proveyendo a todos los interesados de informaciones, comentarios  y reflexiones, y simultáneamente, a los que tuvieran algo que decir,  del medio adecuado para expresar sus puntos de vista.
Todo empezó hace 65 años, cuando el Derecho del Trabajo no era aun aceptado como  un saber independiente, ni era indiscutida su integración  a los planes de estudio y, si figuraba en ellos, la asignatura era todavía  individualizada, en muchos países  como Legislación industrial o simplemente, como entre nosotros:  “Legislación del Trabajo y Previsión Social”.
De Ferrari nos comunicó la idea  a la salida de una de las últimas clases del año lectivo 1947, mientras que los por entonces aspirantes – yo acababa de reintegrarme- lo acompañábamos  a entregar la libreta del Curso en la Bedelía, como era lo habitual por entonces. Sus palabras, al término de la conversación que manteníamos,  fueron sencillas y directas, más o menos éstas: “Creo que ha llegado el momento de que encaremos  la publicación de  una revista. Ya hay suficiente legislación,  incluso  ha comenzado a haber jurisprudencia sobre diversos puntos. Lo que falta, es desarrollar la  nueva doctrina”.
Tanto Plá como yo nos apresuramos a responder que nos parecía una magnífica  idea, y que nos poníamos a su disposición para colaborar en el emprendimiento, aunque  no teníamos claro, por lo menos yo no tenía nada claro,  como  iba a funcionar lo que a primera vista  se presentaba tan atractivo como complicado de  llevar a la práctica. En ese momento solo pensábamos en las dificultades de  la puesta en marcha del proyecto, ya que todavía no  entraba, ni podía entrar en nuestras  preocupaciones, la aspiración  de “durar”  y  esto de estar durando  65 años,  y disposición para seguir, no era en absoluto concebible.
En sucesivos encuentros, las cosas se fueron definiendo rápidamente, al punto que el primer número pudo salir en abril de 1948 (adviértase que  en ese momento y por un largo período, Derecho Laboral aparecía mensualmente).
No hubo, ni entonces ni después, preocupación por formalizar la iniciativa.
En cuanto al nombre, De Ferrari no tenía dudas que debía ser Derecho Laboral,  dado que el sinónimo   Derecho del Trabajo  ya estaba en uso en la región,  pues así se  llamaba la revista que había creado en Buenos Aires un par de años antes, Mario  Deveali. La expresión 
Derecho Laboral recién empezaba a ser usada y todavía no  había sido incorporada al vocabulario jurídico corriente, pero  ya era  empleaba en las clases por De Ferrari, supongo que le gustaba    la terminación,  que  la hacía sonar de la misma forma que asignaturas que contaban con pleno reconocimiento académico,  como Procesal, Penal, Constitucional o  Internacional.
A ese respecto, vale contar una anécdota que  muestra hasta que punto ese término era poco conocido. Fue al comienzo del curso al que asistí como estudiante en 1945;  en él, cuando  De Ferrari aludía a los fines  y  objetivos del Derecho Laboral, -con voz no fácilmente audible por la mala acústica   de los grandes salones y  sin micrófono-  muchos creímos entender que se refería a las relaciones del  derecho y la moral en los problemas  de trabajo y así figuró en los primeros  apuntes de algunos.
Con  amplia generosidad, De Ferrari  nos invitó a compartir  una dirección colegiada de la nueva revista, pero nos pareció desproporcionado, y  de allí  surgió lo de Redactores Permanentes con que nos individualizamos, hasta que, al producirse la desaparición del fundador,  asumimos conjuntamente la dirección. Eso fue recién  a fines de 1972 y el siguiente cambio fue en 2006 con la incorporación de Oscar Ermida Uriarte, cuyas brillantes condiciones intelectuales, así como  su  compromiso con los principios laboralistas   y su prestigio internacional, parecían asegurar continuidad, al mismo tiempo que renovación.  Pero lamentablemente eso se frustró prematuramente.     En la actualidad, la Dirección es asistida por un Comité de Redacción  integrado por los profesores Hugo Barretto, Hugo Fernández y Rosina Rossi,  cuenta con el respaldo de un Consejo Asesor, que incluye a los profesores Mantero, Rosenbaum, y Raso y las diferentes secciones  están a cargo de los profesores Castello, Giuzio, Rodríguez-Azcúe, Panizza y Nicoliello.
Esta remodelación fue necesaria  porque  en 2008 habíamos sufrido  la pérdida  de Américo  Plá  Rodríguez, quien había sido algo así como la locomotora de la revista, no solo por la frecuencia y peso intelectual de sus  artículos y notas- de cita obligada en los trabajos científicos, tanto como en los alegatos y sentencias-   sino también por su  indeclinable  empuje y su absoluta confianza  en la  continuidad  del empeño. Incluso puede decirse que si se  ha  llegado a durar tanto, ha sido principalmente por la acción de Américo Plá Rodríguez.
Pero volvamos a 1948 y tratemos de visualizar  la situación del Derecho del Trabajo y de la doctrina  especializada por aquellos tiempos, tanto en nuestro país, como en el resto del mundo.
A esos efectos, es oportuno recordar, que  el siglo XX se había iniciado con la revolucionaria monografía de Philipp Lotmar  sobre los “contratos de tarifa”, la cual supo poner de relieve la más original fuente de la disciplina, abriendo el camino a la nueva doctrina. También  en ese mismo año,  un joven civilista italiano Lodovico Barassi,  publicaba un volumen sobre el contrato de trabajo en el cual  se reafirmaba la idea de igualdad contractual de las partes de la relación laboral, con todas sus consecuencias y consiguientemente, se negaba la posibilidad de un derecho que se apartara de los fundamentos  tradicionales y fuera protector.  Esta llamativa coincidencia, junto con el hecho de que, ampliando su visión de las cosas, ese mismo  civilista se convirtiera en 1917 (con la nueva edición de su libro) en la cabeza visible de la doctrina laboralista italiana,  son ejemplos   de las múltiples  paradojas del Derecho del Trabajo,  las cuales han motivado recientemente un libro  de múltiple autoría coordinado por  el Decano Honorario de la Corte de Casación francesa  Philippe Waquet.
Cabe agregar que mientras que desde 1919 se había aceptado expresamente por la conciencia jurídica universal que el trabajo no es una mercancía,  el prestigioso civilista francés  Marcel  Planiol  seguía incluyendo en  su famoso Tratado Elemental, una nota al pie de su argumentación contra el uso de la expresión contrato de trabajo, sosteniendo que solamente se trataba de un arrendamiento, en el cual: “La cosa arrendaba era la fuerza de trabajo, que reside en cada persona y puede ser utilizada por otro como la de una máquina o un caballo”. Expresión que fue contestada, sin citarlo,  por  Sinzheimer  al poner en evidencia  la distancia filosófica entre  uno y otro derecho: “El derecho civil –señaló- no establece diferencia entre haber alquilado un caballo o una persona”.
 A pesar de las resistencias que siempre  se interpusieron en su marcha,  el  Derecho  del Trabajo continuó su avance y progresivamente fue completando  su propia doctrina, para lo que ha   desarrollado una  formidable bibliografía, hoy prácticamente inabarcable, en libros, revistas e incluso por Internet.
 En nuestro país, hasta que apareció Derecho Laboral,  la doctrina sobre la materia era  casi inexistente. Pero todo empezó a cambiar rápidamente  desde entonces y con el correr de los años  la revista Derecho Laboral no sólo fue fundamental  por el material que contenía, sino que conjuntamente con la cátedra, estimuló los estudios de Derecho del Trabajo, promoviendo  la publicación  de  monografías y libros. Por otra parte,  son numerosos   los  laboralistas uruguayos que son leídos y  citados en publicaciones de  varios países, como ha sido destacado en los mensajes que hemos recibido por este Aniversario.
 En cuanto a colaboradores externos  nacionales e internacionales, la revista Derecho Laboral siempre los tuvo del más alto nivel, desde su primer número en que se contó con un muy  importante artículo sobre  cuestiones de Derecho Procesal del Trabajo, por Eduardo J. Couture. (Creo que corresponde destacar el gesto de Couture -que ya gozaba de un amplio  prestigio en  toda América-  pero prestó generosamente su nombre, entregando un texto importante para apoyar el nuevo emprendimiento, siendo que él tenía su propia y acreditada revista jurídica, la de Derecho, Jurisprudencia y Administración). Hay que señalar que el aporte de Couture a Derecho Laboral se prolongó por todo el tiempo que pudo.  Aparte de eso, Couture nos facilitó y autorizó a publicar, la versión taquigráfica de la resonante  polémica pública sobre los Consejos de Salarios (específicamente sobre la  naturaleza y retroactividad de los laudos), evento organizado por el Colegio de Abogados, del que era Presidente, y que dado el interés que el tema despertaba, fue trasmitido íntegramente en directo por Radio Carve.
 Sería extremadamente fatigoso mencionar a todos los juslaboralistas extranjeros que a lo largo de estos 65 años  respondieron a nuestra  invitación o fueron colaboradores espontáneos. Basta señalar que,  desde  su aparición,  Derecho Laboral contó entre sus autores a  los especialistas más prestigiosos, de cada momento, como (por orden alfabético): Alonso García, Alonso Olea, Baylos, Biagi, Blanpain, Cabanellas, Caldera, Catharino, Däubler,  de la Cueva, Deveali, Ghezzi, Giugni, Grandi, Ivanov. Javillier, Krotoschin, Liso, Mazzoni, Ojeda,  Pergolesi, Russomano, Schregle, Servais,  Spirópoulos,  Tissenbaum, Treu, Veneziani,  Verge, Xavier, etc.
Es importante agregar que  siempre se contó y se sigue contando, junto con los más representativos autores internacionales, con latinoamericanos que han hecho  significativas contribuciones a nuestra disciplina, como Ackerman, Alburquerque, Bronstein, Capón Filas, Córdova, De Buen, Godínez, Goldín, Hernández- Alvarez, Hoyos, Livellara,  Murgas-Torrazza, Pasco-Cosmópolis, Reynoso-Castillo, Sanguineti-Raymond, Tapia, Ugarte, etc.   
Y naturalmente, la revista recoge la contribución de los laboralistas uruguayos que han encontrado en Derecho Laboral el instrumento que les ha permitido ir conformando lo que los colegas  iberoamericanos han catalogado como Escuela Uruguaya de Derecho del Trabajo.
 El hecho es que Derecho Laboral, no solamente  ha  superado la tradicional duración que  en nuestro país han tenido, con poquísimas excepciones, las revistas de todo tipo, sino  que  ha llegado, con los motores encendidos, a 250 números, que cubren  aproximadamente 50.000 páginas impresas.      
 Derecho Laboral alcanzó estos resultados no solamente  en estos últimos tiempos, cuando se dispone de las modernas tecnologías, sino en los largos años en que el equipo de la revista  tenía  que  ocuparse  de todo: redacción, impresión, distribución, canje, venta,  etc.  y no contaba, como ahora,  con el invalorable  respaldo editorial de la FCU.
 Aquellas primeras, eran  épocas en que los directores y redactores permanentes ,  además de  seleccionar artículos de doctrina, sentencias e informaciones  y producir parte del material, tenían que llevar los originales a la imprenta y luego ir y venir de allí, para corregir un par de veces las primera y ulteriores  pruebas que nos entregaba el linotipista en  aquellas hojas alargadas de papel de diario  que se llamaban galeras, así como finalmente, también había que revisar cuidadosamente las pruebas de página.
 En este largo recorrido, Derecho Laboral  atravesó  íntegramente  el período de la dictadura.
 ¿Qué pasó en todo ese tiempo?
 No fuimos víctimas de ningún ataque arbitrario, pero tampoco hicimos ninguna concesión.
 El hecho es que entre el tomo XVI (1973) y el  XXVII (1984) permanecieron en sus puestos los directores, y también siguieron integrando la plantilla de redactores y publicando regularmente artículos y notas, sin solución de continuidad, autores notoriamente opuestos a la dictadura.
 Hay que mencionar que en 1973,  después de la instalación del gobierno de facto, se publicó íntegramente  la DUDH con  notas que destacaban el respeto que debían los gobiernos a las normas internacionales que garantizaban los derechos humanos. Además  y concretamente sobre uno de los productos más notoriamente  represivos  del nuevo régimen, Plá Rodríguez  puso en evidencia, sin estridencias, pero con su habitual rigor,  la absoluta contradicción del Decreto de 4 de julio de 1973  sobre el despido por huelga, con las normas constitucionales e internacionales, al tiempo que Osvaldo Mantero, señalaba  los efectos jurídicos del derecho de huelga sobre el contrato de trabajo y Martha Abella se explayaba  sobre el derecho de  huelga de los empleados públicos.   Asimismo, el inolvidable Helios Sarthou se ocupaba de mostrar la inconstitucionalidad y otros vicios  del Decreto 622/73, sobre  reglamentación de los sindicatos; Carlos Pittamiglio  anotaba con firmeza  el texto sobre  la disolución  de las entidades sindicales; Caggiani, desarrollaba el tema de la ocupación de los lugares de trabajo, y Manuel Ibáñez destacaba el carácter de derecho humano fundamental de la libertad sindical. 
 ¿Qué explicación puede tener, el hecho de que nuestra revista ni entonces, ni después, haya  sido censurada, suspendida o hasta clausurada?
Desde luego, parece claro que los mecanismos de control de la dictadura no estaban interesados en  publicaciones de  bajo tiraje, dirigidas a un público restringido. Según me contaron los colegas, lo mismo ocurrió en Brasil, donde libros con títulos francamente antidictatoriales se exhibían en las vidrieras de las librerías Puede que sea así, o quizá simplemente beneficiamos de la circunstancia, en otros momentos nada grata, de ser ignorados.
 En suma, la revista no se calló y  fue haciendo lo posible, que lógicamente no podía ser  y no  fue mucho. Pero no se nos  formuló, ni aceptamos ninguna limitación, más allá de las que recomendaba la prudencia  ante un régimen que no ofrecía ninguna garantía.
 Para finalizar,  permítanme que cuente una anécdota  que está directamente relacionada con la cuestión a que me estaba refiriendo y que, en alguna forma, refleja el perfil de una larga parte de los tiempos que nos tocó vivir.
 Lo que sigue, ya lo conté hace cinco años,  en ocasión del Sexagésimo Aniversario, pero  es posible que en el público haya muchos que no estuvieron presentes  en ese acto. Además,  como es breve, los que ya lo conocen, sabrán disculparme.  
 Se trata de algo que sucedió en 1975, en plena dictadura, cuando Plá pensó que en aquellas circunstancias era deseable y posible  alcanzar una comunicación mayor con los lectores de la revista, convocándolos a una Jornada  en que hubiera oportunidad de verse las caras y en la que todos pudieran expresar sus posiciones.
 Apoyé con entusiasmo la idea porque me parecía, que se podía encontrar la manera de que el acto sonara de alguna forma a resistencia, o más modestamente a protesta. Y perdonen la pretensión, pero  en aquella época, todos, para sentirnos  un poco mejor con nosotros mismos,  tratábamos de identificarnos en alguna forma como resistentes, así por ejemplo, nos juntábamos en lugares que se consideraba que poseían  una significación de esa clase, como el Teatro Circular o Cinemateca en el local de AEBU (Quien lo vivió, lo sabe).
 Pues bien,  algo conseguimos cuando casi todos los invitados que tenían cargos públicos se animaron a participar en las diferentes mesas redondas, mientras que unos pocos temiendo que el acto se pudiera interpretar o se transformase,  en un acto antidictatorial, desertaron, y no los culpo, porque el riesgo de quedar en la calle, o algo peor, era real.
 La   Jornada quedó fijada para el 12 de abril de 1975 en el auditorio del Centro Automovilista, que no era muy conocido, pero fue el que pudimos conseguir. El tema escogido era: “La aplicación del nuevo procedimiento laboral”, que no se prestaba demasiado para  identificarnos como resistentes, pero era el tema del momento.
 Quedaban las palabras  de clausura. Para ellas había un programa natural, que consistía en  congratularse  por el éxito de la Jornada, agradecer a quienes nos habían prestado el local, a los integrantes de las mesas  redondas, a los expositores  y  demás participantes, así como al Instituto  Latinoamericano de DTSS, que nos había dado el patrocinio.
 
Por mi parte, pedí pronunciar esas palabras de clausura con la esperanza de poder  ingeniarme para completar  la Jornada con algo que sonara, aunque fuera módicamente, a resistencia. Con ese propósito dije al finalizar mi intervención, que había pensado compartir parte   del discurso que había pronunciado Couture en el Congreso Americano de Abogados de Montevideo,  que era  un retrato del Uruguay perdido,  pero que no lo podía hacer, porque en el Uruguay de 1975,  las cosas que decía Couture en su discurso de 1951, podían provocar represión.
 Por eso, agregué,  que tenía que limitarme a pedir a los presentes  que lo releyeran y que se lo hicieran leer a sus hijos.  Lo cual, fue correspondido por un vocerío  de Muy bien, que venía de todas partes de una sala repleta que se comenzaba a poner de pie.  En ese clima, me animé a anunciar  que por lo menos,  me referiría a las últimas palabras del discurso de Couture,  donde evocaba el mito  de Pandora, a la que los dioses habían ido adornando con todos los dones, hasta que, por designio de Zeus, se convirtió  en una criatura maléfica. Pero, como recordaba Couture en su discurso: en el fondo  de la Caja de Pandora, luego de dispersados los males,  quedaba todavía la esperanza. En ese momento  tuve la convicción  de que expresaba el sentir de todos los presentes al afirmar  que a nosotros, hombres de Derecho, en el Uruguay de 1975, nos podían quitar todo,  pero no nos podían  quitar la esperanza.
 Se trataba de  una mínima expresión de protesta, pero creo que todos nos sentimos un poco mejor, como lo subrayó la ovación con que se cerró el acto, incluso algunos lloraban.
Era la 1ª  Jornada organizada por la revista Derecho Laboral que entonces  ya tenía más de 25 años y hoy está cumpliendo 65, sin que haya motivo para  renegar de ninguna etapa de su trayectoria.
 
Héctor-Hugo Barbagelata
 

 

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