Encabezado eft
La centralidad del trabajo
1                                          La centralidad del trabajo
                                                                                                                                
                                                                                                
                                                                                                   Lilian Legnazzi

Profesora de Historia (Diploma de Honor, USAL); Diploma  en Estudios Políticos Superiores, (UCA). Profesora en universidades de gestión privada y pública. Autora de artículos. Coautora de Historia Económica y Social Mundial y Argentina  y de  Mujeres en la industria textil. De la industria al taller clandestino.  Participante y expositora en congresos nacionales e internacionales. Integrante de  equipos  de investigación.


Resumen: en términos de Robert Castel la eliminación de puestos de trabajo se presenta como la gran cuestión social presente y futura. Se describen las características de la situación actual y algunos de  los procesos y  tendencias que la generan. El ocultamiento del problema se demuestra a partir del escueto tratamiento en la prensa escrita y se esbozan las razones. A continuación, el análisis de algunas propuestas actuales se enlaza con antecedentes clásicos, para concluir con la exposición de aquellas  deducciones que aparecen validadas en el desarrollo y que pueden ayudar a construir una mentalidad de cambio.

Palabras claves

Desempleo – ocultamiento – propuesta – cambio estructural.

Planteo de la situación

La cuestión social en el siglo XXI aparece ramificada en varias cuestiones, la pobreza, la exclusión, el desempleo, la desigualdad social, la polarización creciente de las sociedades, y parecen ubicarse todas en un mismo nivel. Cuestión social entendida en los términos que plantea Robert Castel, como desafío a la capacidad de una sociedad o nación para existir como conjunto vinculado por relaciones de interdependencia.2 La carencia de esta capacidad conlleva en forma inevitable el conflicto. Surgida en plena Revolución Industrial ocupó un lugar propio entre la organización política y el sistema económico pugnando por regulaciones que no dependieran del mercado
El objetivo de este trabajo es insistir en la centralidad del trabajo entendida como la gran cuestión social presente y futura, ya que,  en  gran medida la eliminación de puestos de trabajo  es la causante de las otras  cuestiones mencionadas.
Un marco económico mundial rentista que privilegia las finanzas, sumado al fundamentalismo del mercado que desarticula la producción, la deslocaliza, fragmenta, termina  creando una nueva forma de organización social que a su vez tiene efectos en la política.
 Para Marcelo Gullo3 en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial la social democracia,  que representa los intereses de la burguesía europea, suscribió los pactos con la clase obrera ante el temor de revueltas socialistas alentadas por la URSS. EE UU compartió esa preocupación e impulsó el Plan Marshall  para resucitar el aparato industrial dañado por la contienda. Con la caída del Muro de Berlín (9/X/1989) y el derrumbe del socialismo  el peligro ha pasado y las burguesías han roto su acuerdo con los asalariados para someterse a las empresas trasnacionales. Cabría preguntarse ante este análisis simplista si a las burguesías les quedaba otro camino dado el enorme poder del capital financiero que respalda a esas empresas y que adquirió  a partir de la globalización. La situación presente  es el resultado de varios procesos y tendencias cuyo peso relativo se potencia al sumarse, entre ellos se seleccionan cuatro:

-la relación entre el ritmo de automatización de tareas y el crecimiento de empleo resulta indirectamente proporcional. Alemania, Corea del Sur y Japón son los países que llevan la delantera en la relación robots/humanos. No resulta casual pues que Alemania tenga el doble de densidad en esta relación con respecto a Estados Unidos y esta sería la razón de porqué el mercado de celulares se mudó de este último país a China. Además de la competitividad se sostiene que la automatización permite sostener pensiones y sistemas de salud de primer nivel como en Alemania y Suecia.4   Hay empresas y servicios que se montan empleando mano de obra autómata intensiva para sus procesos específicos y destinan  la mano de obra  humana a la innovación tecnológica por parte de una élite reducida, y a tareas administrativas, de mantenimiento, etc. al resto. Google por ejemplo creada en 1998 y con sede en Mountain View -Estados Unidos- y oficinas en todo el mundo, responde a este modelo.
Lo cierto es que la automatización reemplaza al esfuerzo muscular y el desgaste de las tareas repetitivas pero a costa de generar altas tasas  de desempleo, para peor destruye los puestos de trabajo de menor paga y que requieren menos capacitación.
Puede suponerse que éste es un riesgo para los países más desarrollados pero la tendencia crece también en los BRICs, entre los que se ubica nuestro vecino  Brasil. En Argentina no existen estadísticas de cuantos robots están  trabajando  en la industria.
 
- con los cambios profundos en la longevidad y la demografía habrá que pensar qué hacer con tanta gente, con tanto tiempo disponible, cual será la  extensión de la  vida útil, la edad para jubilarse.
-la desigualdad social. Hoy la sociedad de consumo impone relaciones sociales de nuevo tipo encarnada en los consumidores exclusivos y los excluidos.5 Además, la  construcción del orden social está  atravesada por discursos y factores con frecuencia contradictorios, entre medios de comunicación  e instituciones globales y nacionales6. Si antes la economía dividía la sociedad entre los que estaban  vinculados al sector dinámico o al  de supervivencia, se presencia en la actualidad la aparición de  otros actores: los nuevos burgueses que se sitúan en el entramado de la corporación trasnacional o los ni-ni que resultan inempleables o bien directamente se niegan a trabajar.
En nuestro país la desigualdad social  “no se veía” porque estaba oculta tras el velo de un imaginario hegemónico, pero que a partir de  los hechos del 19/20 de diciembre de 2001 entró en crisis y se pudo advertir hasta qué punto la construcción de poder político, económico y cultural produce un orden social profundamente desigual, fragmentación de las clases medias y debilitamiento de espacios sociales. En este panorama los desempleados estaban en la peor situación, directamente no existían socialmente, de ahí que necesitaran ser visualizados por el resto de la sociedad a través de la ocupación de rutas, piquetes, marchas, inaugurando un repertorio de formas de protesta en abierta violación a derechos ajenos y leyes.

 -el debilitamiento del  estado de derecho como consecuencia del debilitamiento del Estado. Implica en primea instancia un debilitamiento del sistema político, de la legitimación de la  representación, de  los partidos,  etc.
A pesar del cambio de dirección histórica y política de los gobiernos que se impuso a partir del 2003 en Argentina, la hegemonía del mercado resulta difícil de quebrar. Con distinto discurso y mayor intervención del Estado, la sociedad mercantilizada no cede,  se extiende.
En materia legislativa dos cuestiones reducen la eficacia de la legislación, la primera se da porque  la norma cristaliza un momento en medio de procesos de cambio acelerados, y en segundo lugar, debido a que  en amplios sectores de la población existe un elemento cultural inhibidor  que produce que se internalice lentamente la  condición de persona  portadora de derechos, además los trámites burocráticos desaniman por su  complejidad, costos y lentitud.
Las normas laborales no son por sí solas generadoras de empleo sino que dependen de la actividad económica, así en nuestro país hemos tenido etapas de desregulación laboral con alto desempleo – durante el menemismo- y de regulación laboral con  desempleo menor en  el kirchnerismo.  
La incertidumbre en el ámbito económico, las crisis, motivan que los jueces deban actuar según normas generadas antes de que determinadas realidades  estuvieran en la imaginación del legislador, a lo que se suma  un sistema de desorganización  del derecho del trabajo tanto en su interpretación como en su aplicación que lleva a Ricardo Foglia a afirmar que es  imperioso diseñar una política de Estado en materia de relaciones del trabajo. 7

Este proceso, que es mundial, arranca a fines de la década de 1960, hasta ese momento  se logró sostener   la matriz básica de una sociedad salarial. En lo político porque  el Estado en su modelo de Bienestar se constituyó en  garante de las regulaciones colectivas del trabajo y de la protección social a punto tal que  permitió “hablar de una ciudadanía social simétrica a la ciudadanía política”.8 Además y  partir de John Maynard Keynes la economía le asignó también  al Estado las políticas de reactivación económica y generación de consumidores, así al generar un espacio propio, lo “social” impregnó también a la política y la economía.
Esta sociedad salarial además de proveer de empleo procuraba garantías mínimas contra los riesgos de la existencia e incluso prevenía riesgos futuros. El trabajo asalariado era entonces un paraguas protector que el desempleo elimina. En la actualidad “se estima que el 80% de la población mundial no dispone de protección suficiente en materia de seguridad mundial” entendida por Marcelo Richter  como “el instrumento más rápido para la lucha contra la pobreza”9
Hoy, desarmado ese esquema político-económico el Estado está inerme. En su deseo de paliar los efectos negativos del desempleo recurre a políticas que generan controversias y malentendidos  más que soluciones. El caso más evidente es el de la flexibilización laboral que apareció en el derecho del trabajo como un recurso para la generación de empleo. Esta y otras cuestiones han generado más debates teñidos de cargas ideológicas que perspectivas de mejora. Otras medidas políticas instalan soluciones híbridas  entre trabajo y asistencialismo tales como cooperativas, planes y subsidios, que conforman meros paliativos y generan insatisfacción e incertidumbre tanto en los afectados como en los contribuyentes al fisco.


El ocultamiento del desempleo
   
Si trabajo y empleo no son lo mismo, en la coyuntura presente y desde la Revolución Industrial en mayor grado, no se concibe trabajo sin salario. Más aún, trabajos gratuitos como la crianza de los hijos, el decoro del hogar, el cuidado de enfermos por parte de familiares, etc.  no se consideran trabajo. Se hace entonces  la  salvedad de que trabajo nunca va a faltar a los ojos de quienes lo quieran ver y   lo que desaparece es el empleo asalariado.
Una vez descripta la cuestión social actual haciendo centro en la gravedad del incremento continuo  del desempleo, cabe preguntarse qué eco tienen el tema en los medios de comunicación. Está ausente en los medios audiovisuales, y ocupa poco espacio en la prensa escrita.  Un seguimiento del tema durante el año 2012  hasta mediados de 2013 en el suplemento Empleos del diario La Nación, resulta ejemplificador. La sección Por el mundo. Noticias del empleo  presenta títulos como “HSBC elimina 14.000 trabajos”, “Más despidos también en Alemania”, “Francia, malos datos para el empleo” con una extensión cada uno de  4,5cm por 7,5cm.10 La misma sección a fines de 2012 mostraba los siguientes títulos: “AVON echa a 1500 trabajadores”, “GOL eliminó 1407 empleos en 2012”  con idéntico tamaño.11 En otros artículos la problemática laboral aparece escondida detrás de las palabras pobreza o exclusión, así sucede en la nota “La cara menos pensada de la prosperidad alemana”12 en que se analizan las repercusiones de un informe oficial sobre la pobreza y la brecha social en ese país. El desempleo es mencionado dos veces, en relación con los jóvenes y como  causa de la hipersexualización de los niños “que se atribuye, entre  otras cosas, al alto consumo de pornografía por parte de padres desempleados que se quedan en casa”. Resulta  irrisorio que la importancia del trabajo en la construcción personal y social quede ceñida  a una derivación, negativa sin duda, pero accesoria en relación al tema central.
En general el desempleo es expuesto de manera neutra, sin explicitación de razones ni análisis de consecuencias, se da por sentado que “la edad de oro del capital humano ha quedado atrás”13 lo que implica que a fututo ni el desempeño, ni incluso  la formación académica de excelencia serán capaces de asegurar un empleo durante todo el ciclo de vida útil. En esto advertimos un cambio significativo en materia de reclutamiento laboral  pues hasta la década de los ´90 inclusive, el reclutamiento laboral pregonaba las bonanzas de la formación de posgrado, el dominio de idiomas, etc.

Christine Legarde, directora del Fondo Monetario Internacional anunció meses atrás que la desigualdad en el mundo se está agravando y el 5% de la población  mundial ya controla el 35 % de la riqueza. En la misma semana Henri Jean Baptiste comunicó que el Comité del Patrimonio Mundial declaró como Octava Maravilla del Mundo la “gran brecha  entre los ricos y los pobres”.14 Declaraciones altisonantes que aluden a las consecuencias de procesos que no se mencionan ya que crear empleo es la  forma efectiva de combatir la desigualdad al distribuir riqueza.

Este ocultamiento ya lo denunciaba Robert Castel en la década de los ´90. El desempleo no es noticia porque se presenta como el problema más desalentador y complejo. La eliminación de puestos de trabajo procede de un largo proceso histórico, la revolución industrial, que a partir de mediados del siglo XVIII forjó la sociedad salarial. Su ocaso, la era postindustrial, se anuncia alegremente desde hace más de tres décadas sin medir cómo afecta a los seres humanos en tanto protagonistas de dicho proceso.

Se puede dar otra vuelta de tuerca al silenciamiento, preguntando porqué no se explicita en palabras tal situación. Una primera respuesta puede aludir –como ya se dijo- a la complejidad del problema y su condición de ineluctable en cuanto viene respaldado en la trama de la historia. Otra respuesta puede encontrarse en el poder ordenador de las ideas que tiene el lenguaje y por ende su contratara,  la posibilidad de que se convierta en la mejor forma de ocultar el pensamiento, como decía Talleyrand quien transitó hábilmente la política francesa desde Luis XVI a Luis XVIII pasando entre medio de la Revolución Francesa, Robespierre y Napoleón.
Michel Foucault brinda en Las palabras y las cosas una explicación más profunda.15 Hasta el Renacimiento las palabras tenían la misma realidad que aquello a lo que remitían y traza el paralelo con los medios de intercambio que eran las monedas de oro y plata; en los siglos XVII y XVIII y a pesar de la experiencia infructuosa del escocés John Law, se impone el papel moneda de valor simbólico en tanto  remiten a valores que no se conocen ni controlan, en paralelo las palabras perdieron su vinculo con las cosas. A partir del siglo XIX, con la Revolución Industrial, el dinero pasó a medir el trabajo que requiere producirlo según la teoría marxista. Foucault remarca el proceso de transformación mental fabuloso que se requirió para que el obrero aceptara unos papeles impresos como recompensa por su esfuerzo. Vaciar a las palabras de su relación directa con los objetos fue el camino.16



Propuestas, ¿superadoras?

Desigualdad social, exclusión, pobreza son palabras que reflejan situaciones penosas pero ninguna adquiere al interior del ser humano la dimensión del trabajo porque éste pone en juego su  supervivencia y la de su familia. Karl Marx en los cuatro primeros capítulos de El Capital ha descripto en forma certera las angustias del que sale cada mañana a ofrecer su fuerza de trabajo.
Jeremy Rifkin en 1995 tituló su libro El fin del trabajo al considerar inevitable que la globalización y las nuevas tecnologías produzcan un alto porcentaje de desempleo estructural, situación que exige aplicar medidas que van más allá de la flexibilidad laboral, como son la reducción de la jornada de trabajo, el impulso a la economía social o tercer sector  y la renta básica.
En este último punto es interesante hacer hincapié y abordar las  propuestas de otros autores. Por ejemplo el catalán  Agustí Chalaux (1911-2006) que ponía su mira  en una sociedad más justa y razonable que eliminara excesos, injusticias, abusos de poder, en concreto la corrupción en sus múltiples formas. Para ello proyectó una idea de nombre complejo: la Moneda Telemática Nominativa Comunitaria, que  eliminaba el billete anónimo y lo reemplazaba  por un cheque factura semejante a la tarjeta de crédito, toda transacción sería registrada por una red informatizada que al dejar una huella jurídica dificultaría el soborno, las actividades de las mafias, la falsificación de billetes, los depósitos en paraísos fiscales, y otras picardías por el estilo. Sin dinero físico el mundo era imaginado por Chalaux como más seguro y con menor conflictividad social.

La moneda de Chalaux reconoce antecedente en las estampillas ideadas durante su permanencia en Buenos Aires por el economista Silvio Gesell,  padre del pionero Carlos Gesell quien fundó la Villa en honor a él. Diseñó un plan para asegurar el intercambio de productos del trabajo libre de ingerencia burocrática, usura y explotación. En síntesis, intercambio sin dinero efectivo. Consideraba que ha llegado a punto tal la visión mercantil de la producción que el trabajo se paraliza cuando cesa la venta aunque persistan las necesidades.
Mientras Proudhon17 imaginó  un Banco de Mercancías con el propósito de restablecer el trueque, Gesell pensó que las grandes tiendas estaban en condiciones de  cumplir ese propósito, los compradores podían ser también proveedores y el intercambio se facilitaría mediante estampillas, un simple elemento de transacción sin valor de atesoramiento.
Funda su iniciativa en la critica al sistema económico de moneda respaldado por el patrón oro –vigente aún entre los años 1911 y 1918 en que escribió su libro El Orden Económico Natural- porque se rige solo por el beneficio y es causante de la pobreza, del incremento de los precios, de las crisis económicas cíclicas y de las guerras. Incluso hace una loa a los príncipes lombardos  del Renacimiento que  empezaron a mezclar el oro con  cobre y así garantizaron la paz social en sus ciudades. Define su sistema económico natural como el que se ajusta a la naturaleza de los hombres sin privilegios de casta, tierras o dinero, “así cada cual comerá de nuevo su pan con el sudor de su frente”.18

Otra propuesta asociada al fin del trabajo es la del francés Étienne Chouard quien  se hizo famoso en el año 2005 por liderar la campaña del No en el referéndum  por el establecimiento de la Constitución Europea en Francia. A los efectos de este trabajo interesan dos iniciativas suyas, una de corte político y otra económica. En lo político,  defiende el sistema  de representación fundado en la  elección por sorteo para la conformación de asambleas que debatan temas  trascendentes. En lo económico plantea el   concepto de  renta general  básica (RGB) o ingreso ciudadano (IC) pagado por el Estado a ciudadanos o residentes independiente de si trabajan o no, si se trata de ricos o pobres, solos o con familia. Al respecto el 14 de enero de 2013 la Comunidad Europea aprobó una Iniciativa Ciudadana Europea de la RGB, de forma que si llegan a reunir un millón de firmas y se logra su aprobación pueda ser recomendada a los países miembros  mediante la instrumentación de estudios piloto y análisis de modelos.

Osmo Soininvaara, finlandés que en su país  ha sido concejal, diputado y ministro es autor de A survival doctrine for the welfare state (1994), obra en la que promueve también la renta general básica, entre otras medidas.

El objetivo de estas propuestas consiste en garantizar una vida material digna de manera universal y favorecer la ocupación en emprendimientos, voluntariados, aprendizajes y tareas estimulantes. La argumentación económica se funda en la globalización, el progreso tecnológico, el interés financiero y el cuidado del medio ambiente pues por este instrumento también se intentan evitar las inversiones destinadas a crear empleo que implican la destrucción del medio ambiente. A pesar de los nobles propósitos las críticas   arrecian en el sentido de que promueve la ociosidad.
Nadie deja de advertir que sin un cambio profundo de la sociedad y en especial de la mentalidad consumista estas iniciativas están condenadas al fracaso.
En este sentido un núcleo a revertir sería  el educativo. La escuela con su control de asistencia, llegadas tardes, timbres que delimitan los espacios de clase y recreo, celadores, etc. calca la fábrica  en otra escala y formato.  Ya en la década de los ’70 lo marcaba el austríaco Iván Ilich (1926-2002) –uno de los inspiradores de la corriente de  La escuela ha muerto-  se enseñan rutinas para lograr el dominio de una conducta predecible que se aplique a futuro en el ámbito laboral. Al analizar el curriculum oculto concluía que “la escuela no libera ni educa (…) porque reserva la instrucción para aquellos cuyos pasos en el aprendizaje se ajusten  a unas medidas aprobadas de control social”.19 También la sociedad de consumo resulta en la visión de Ilich fomentada por la propia escuela al afirmar que  “La escuela inicia el Mito del Consumo Sin Fin”20. El empleo tampoco escapa al poder controlador de la institución pues “es el beneficio oculto del sistema”, la zanahoria que motiva el avance a través de la carrera de obstáculos educativos. El mismo Ilich llega a concebir y expresar  la potencialidad revolucionaria de la desescolarización, lo que le ha valido el mote de anarquista. Su pensamiento anticipador  se manifiesta, en cuanto al tema que nos ocupa, en otro de sus libros que ya desde el título es revelador: Energía y equidad. Desempleo creador.21
Por lo visto el panorama se complica cuando las  propuestas que intentan ser superadoras
-aunque en realidad no pasan de ser paliativos- llegan a su etapa de aplicación. Habrá que seguir con atención la Iniciativa Ciudadana  en el seno de la Comunidad Europea, pero se puede anticipar sin temor a error que se requiere paulatinamente  una reforma integral de las bases y valores con los que se estructura la sociedad.  Este un proceso complejo, lento y que verifica marchas y contramarchas cuyo recorrido puede llevar a destinos insospechados. Son las paradojas a que nos tiene acostumbrada la historia.

Antecedentes clásicos

Sería un error creer que la renta general básica es una idea innovadora. Formas de distribución de la ganancia sin recurrir al salario ya las esbozan  pensadores de los siglos XVI al XVIII.
La denominación de clásicos se aplica en virtud de su época, la importancia de sus aportes y su vigencia. Un valor agregado que se desprende de su lectura es el estilo, ya que sus planteos están dotados de una simplicidad  alejada de todo tecnicismo y con un profundo sentido humanista. Algunas adoptan el formato platónico del diálogo, otro rasgo clásico.

La célebre  Utopía escrita por el canciller inglés Tomás Moro (1478-1535), reproduce un  largo diálogo de sobremesa que sostiene con Rafael Hitlodeo. En el libro II bajo el título “Las artes y los oficios” describe el trabajo de los utopianos en estos términos:

“Trabajan tres horas antes del mediodía y a continuación almuerzan. Terminado el almuerzo dedican dos horas al descanso o a la siesta. A continuación trabajan otras  tres horas para terminar con la cena.”

Moro sale al encuentro de los que van a preguntar si son suficientes seis horas de trabajo y responde que sí es suficiente y  sobra, y lo fundamenta en  una observación válida en todos los tiempos y es que  el trabajo está mal distribuido:

“…si observas atentamente el grupo numeroso  de gente ociosa que hay en todas las naciones (…) casi todas las mujeres y gran parte de los hombres, cuyas mujeres trabajan,  roncan a sus anchas todo el día, (…) y es natural que así sea en un mundo en el que todo lo medimos por dinero.”

          Entre la “turba ociosa” ubica a curas, señores y nobles, sirvientes y mendigos que abundan en todos lados y escapan del trabajo como de la peste.

Moro muestra como a través de su trabajo los utopianos satisfacen sus necesidades sin recompensa en dinero y no producen más allá de sus necesidades, por lo que  no existe el comercio. Pero añade un aspecto sustancial: que las instituciones en Utopía no buscan más que un fin: “… rescatar el mayor tiempo posible (…) a fin de que todos los ciudadanos tengan garantizados su libertad interior y el cultivo de su espíritu. En esto consiste según ellos la verdadera felicidad.” Con esta afirmación Moro sale al encuentro del núcleo del tema: el trabajo es concebido en cada sociedad según la escala de valores de la misma, así con libertad interior y cultivo del espíritu es posible y no utópica su visión del trabajo.

Blas Pascal (1623-1662) en Pensamientos expresa una visión cristiana con argumentos que rozan lo paradójico o irónico pero con un enfoque moderno –conjugando razón y corazón-  y cercano al espíritu humano al que concebía como un todo. Al trabajo en sí dedica solo dos pensamientos que ubica  en el capítulo “Miserias del hombre sin Dios”:

IX. “Nada hay tan insoportable para el hombre  como el permanecer en pleno reposo, sin pasión, sin negocio, sin diversión, sin aplicación. Siente entonces su nada, su abandono su insuficiencia, su dependencia, su impotencia, su vacío. Incontinenti, saldrán del fondo de su alma el fastidio, las negruras, la tristeza, la pena, el despecho, la desesperación.
X. Cuando un soldado se queja de sus trabajos, o un labrador, etc. que les pongan a no hacer nada.”22
    
Voltaire (Francois Marie Arouet, 1694-1778) sin el profundo humanismo de  Pascal, crítico acérrimo de la iglesia católica cristianismo, irónico y escéptico  termina  su Cándido o el optimismo  con dos páginas de reflexiones acerca del trabajo que reflejan el realismo resignado con que el  pensamiento cristiano enfrentó el trabajo a lo largo de su historia:

         “No tengo más de veinte fanegas –añadió el anciano- pero muy bien aprovechadas; yo y dos hijas que tengo, y cuatro criados, nos ocupamos incesantemente en cultivarlas y este trabajo aparte de mi familia tres males bien grandes: el fastidio, el vicio y la necesidad.
        Harto más feliz me parece este buen viejo –dijo Cándido a sus amigos- que aquellos seis reyes con quienes tuvimos el honor de comer en Venecia.
        (…) Lo que yo sé – dijo Cándido- es que es menester cultivar la tierra.
        Aplaudo como es justo esa resolución -añadió Pangloss- puesto que sabemos por el sagrado texto que Dios puso al hombre en jardín del Edén ut operaretur eum, esto es, para que le labrase, le cultivase, lo cual es una prueba manifiesta de que el hombre no nació para holgar”23

El inglés Thomas Paine (1737-1809), quien con su Common Sense fue uno de los inspiradores de la declaración de la Independencia norteamericana, introdujo el concepto de renta mínima garantizada al promover el dividendo de ciudadanía en su panfleto Justicia Agraria del año 1775. Constituye  pues el antecedente de Chalaux, Chouard y  Soininvaara.

El padre del liberalismo, el inglés Adam Smith comienza la Introducción de su célebre obra afirmando:

“El trabajo anual de un país es aquel fondo que en principio proporciona todas las cosas necesarias y convenientes para la vida y que anualmente consume el país; y estas cosas son siempre o el producto inmediato de este trabajo, o compradas a otros países con este producto”. 24

La centralidad del trabajo es defendida aún con más énfasis más adelante:

“… el hombre ha de vivir de su trabajo y los salarios han de ser por lo menos, lo suficientemente elevados para mantenerlo.(…) es indispensable que gane algo más que el sustento, porque de otro modo sería imposible mantener una familia y la raza de estos trabajadores no pasaría de la primera generación”. 25


El extenso párrafo que se transcribe a continuación describe sin lugar a dudas el grado de conciencia  de Smith acerca  de las nefastas consecuencias de la división del trabajo, a futuro enfatizadas por el taylorismo y  fordismo.  

“Un hombre que pasa toda su vida para completar unas pocas operaciones  simples cuyos efectos son siempre los mismos o casi,  no tiene tiempo para desarrollar su inteligencia ni ejercer su imaginación (…)…pierde pues el hábito de desplegar o ejercer sus facultades y se vuelve tan estúpido e ignorante como se pueda convertir una persona humana; el aletargamiento de sus facultades morales lo hace incapaz de apreciar ninguna conversación razonable ni de tomar parte en ellas, hasta le impide  sentir alguna pasión noble…”

Con esta otra afirmación incluso podemos constatar –como es de común conocimiento-  que el neoliberalismo ha tachado las premisas morales del padre del liberalismo practicando tan solo un fundamentalismo del mercado que arrasa  con el empleo:

“Ciertamente no se puede valorar como feliz y próspera una sociedad donde la mayoría de sus miembros están reducidos a la pobreza y la miseria.”


Algunas deducciones: afirmando el terreno para empezar a construir

La contribución modesta de este aporte consiste en intentar devolverle centralidad al trabajo.
No hay cierre posible para el intento por lo que se esbozarán algunas deducciones que afirmen el terreno para empezar a construir. La rueda que ponga a caminar el cambio no está inventada así que habrá que tener los ojos bien abiertos para rescatar lo que se pueda del presente y del pasado. La historia es el gran recurso de la imaginación; un ejercicio de buceo en profundidades de 500 años se ha practicado en estas páginas y permite concluir  que más allá de los cambios que traen las épocas, hay un núcleo de la condición humana que en este tema  permanece.
 
Habrá que entender que la competencia de la inteligencia artificial es inevitable, porque hay tareas para las que  ya el pulso humano resulta torpe y tareas que no toleran distracciones, errores, falencias que pueden resultar fatales. El costo es un factor –perdón por la crudeza- en el que todavía la vida humana sigue corriendo con ventaja, en tanto el ser humano es fruto de un proceso natural. Pero lejos de favorecerlo pareciera que le juega en contra  pues  lo condena a las tareas más repetitivas y de mayor efecto embrutecedor, aquellas  para las que un robot o una máquina resulta una inversión onerosa. Quedan también reservadas –por ahora al menos - al ser humano en exclusividad lo relativo al diseño, la creación, el arte, en fin  todas aquellas actividades que requieren imaginación, sentimiento, emoción, síntesis creativa, elevación de miras. Actividades que lamentablemente  no son practicables  para la mayoría de los humanos en el estado social actual. Pero a futuro las propuestas deberán aprovechar la posibilidad de que la máquina libere al hombre del efecto embrutecedor del trabajo y le posibilite el desarrollo de su capacidad creadora a gran parte de la humanidad.

Queda en claro también que la situación plantea  un desafío que no se resuelve con leyes que congelen parches o instalen metas ideales pero imposibles de lograr, sino con procesos que sustituyan estructuras ya obsoletas por lo perversas.

Respecto a los protagonistas de los cambios el  Estado aparece como un actor necesario y deseable en este proceso pero no parece tener a esta altura de las circunstancias la garra necesaria para el desafío. Un ejemplo puede ayudar a dimensionar  esta afirmación negativa: en el tema de los paraísos fiscales, tema por demás sensible por el perjuicio que la evasión fiscal les ocasiona, logró más el ICIJ – Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación - que el conjunto de los varios cientos  Estados que integran el concierto mundial. Este Consorcio rastreó 100.000 registros vinculados a las sociedades off shore y esto es solo una parte  de los 2,5 millones de documentos filtrados y analizados durante 17 meses de investigación.26 Si en una cuestión que atañe a su propio  sostenimiento y compromete su capacidad de acción el Estado como institución demuestra tal apatía, no permite alentar muchas esperanzas respecto a la cuestión del desempleo. Respecto a la acción social en favor de los menos favorecidos, la mayor organización  del  mundo no se sustenta con presupuesto estatal, es Avaaz, una ONG con casi 25 millones de miembros conectados on line, iniciativa de Ricken Patel (Canadá, 1977). La acción de voluntades privadas sumadas  merced a redes sociales y TICs serán sin dudas protagonistas centrales del cambio. Todo sin descartar el necesario marco institucional que afirma y potencia las iniciativas.

La sociedad de consumo que penetra en las mentes y los corazones con la fascinación  que genera  la publicidad, los shopping, el crédito bancario, etc. resulta un montaje difícil de desarticular. El spleen o la melancolía del siglo XIX se compensaba con suspiros, silencios y miradas lánguidas; hoy, los problemas y carencias psicológicas de los ”normales” reciben nombres más específicos: ansiedad, stress, depresión, ataque de pánico y sin duda reconocen causas más específicas. Pero la adicción en sus variadas formas ha generado la ilusión de paraísos momentáneos que permiten superarlos, facilitados por el crédito bancario y el mercado que produce artículos similares para todas las posibilidades. El mayor poder adquisitivo compra el producto legítimo; el menor, la falsificación tolerada y promovida por las mismas marcas que en la renovación constante del diseño aseguran sus ventas. Este círculo vicioso afecta a todas las clases sociales generando una situación impensable en el pasado, cuando el consumo estaba limitado a los pudientes. Sólo una concientización promovida a todo nivel puede enmendar esta carrera alocada que amenaza con destruir el hábitat humano. Es cuestión de decisión que se verá estimulada por los efectos de los desastres naturales, cada vez más frecuentes y dañinos.

Algunas deducciones, no más que eso, pero  que señalan terrenos apropiados para nuevos cimientos.











1
2 Castel, Robert, La metamorfosis de la cuestión social, una crónica del salariado, Buenos Aires, Paidós, 1997, p. 20.
3 Gullo, Marcelo, Insubordinación y desarrollo. Las claves del éxito y el fracaso de las naciones, Editorial Biblos, Buenos Aires, 2012.
4 Federación Internacional de la Robótica. Informe, citado por John  Markoff, “Los fabricantes de robots sostienen que no destruyen empleo”, La Nación,  Economía, 17 de febrero de 2013, p. 13.
5 Castel prefiere el vocablo desafiliados al de excluidos  porque refiere a un proceso y no a un resultado inmóvil, a un recorrido abierto y en extensión que debilita la estabilidad y genera incertidumbre, ob. cit. p. 17.
6 Wortman, Ana, La construcción imaginaria de la desigualdad social,  Buenos Aires,  CLACSO, 2007.
7 Foglia,  Ricardo,  “Los vaivenes del derecho del trabajo”, La Nación, Economía y Negocios, 17/ de abril de 2011, p. 8.
8 Castell, Robert,  El ascenso de las incertidumbres. Trabajo, protecciones, estatuto del individuo, Buenos Aires, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2010.
9  Richter, Marcelo, “Trabajo informal y Seguridad Social en Guatemala”, Equipo Federal de Trabajo, Año IX, Revista N° 98. Disponible en: http: //www./eft.org.ar/pdf/eft2013.
10 La Nación, suplemento Empleos, 16/XII/ 2012,  p. 11.

11 La Nación, suplemento Empleos, 2/VI, 2013,  p. 11.
12 Lucchini, Laura, La Nación, suplemento Enfoques, 7/IV/2013, p. 5.
13 La cita corresponde a un comentario del blog de Paul Krugman. “La evolución del capital humano”, suplemento de Economía, La Nación, 7/VII/2013, p. 7.
14 Donadío, Mariano, “Noticias incorrectas/La maravilla más honda”, La Nación, 26/V/2013, p.2 del  cuerpo central.
15 La mención de la obra de M. Foucault la realiza Jorge Mosqueira en su habitual columna “Miradas” de los domingos en el Suplemento Empleos de La Nación, con fecha 17/IV/2011 y bajo el título “Palabras que etiquetan el trabajo. La terminología usada en Recursos Humanos significa lo contrario de lo que quiere decir”, p. 10. El comentario es personal.
16 Foucault, Michel, Las palabras y las cosas. Una arqueología de las ciencias humanas, Argentina, Siglo Veintiuno Editores, 1968. Disponible en http: //www.uruguaypiensa.org.uy/imgnoticias/682
17 Pierre Joseph Proudhon, pensador francés que vivió entre 1809 y 1865, es uno de los inspiradores del mutualismo y autor de  ¿Qué es la propiedad?, Teoría de la propiedad, Sistema de contradicciones económicas o Filosofía de la Miseria entre otras obras.
18 Gesell, Silvio, El Orden Económico Natural por Libremoneda y Libretierra,  Buenos Aires, Ernesto F. Gesell, 1936, traducción de la 7° edición alemana. Disponible en https://www.silvio-gesell.de/EL ORDEN ECONOMICO NATURAL. La cita corresponde a la p. 111.
19 Ilich, Iván, La sociedad desescolarizada, México, 1985, cap. I. Versión digital  está disponible en http: // www.mundolibertario.org
20 Ob. cit., p. 59.
21 Ilich, Iván, Editorial Posada, México, 1978.
22 Pascal, Blas, Pensamientos, Hyspamérica Ediciones Argentina, Buenos Aires, 1984, p. 163.
23 Voltaire, Cándido y otros cuentos,  Hyspamérica Ediciones de Argentina, Buenos Aires, 1984, p. 102 y 103.
24 Smith, Adam, Investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones, México, Fondo de Cultura Económica, 1958, p. 3.
25 Smith, Adam, op. cit., p. 66.
26 La Nación, 16/VI/2013, p. 6.










 

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