Este sistema sólo vive y sobrevive, recibiendo en sus innumerables jaulas, la energía humana que duerme para resguardarse de ese tremendo miedo que nos brota en la boca cada vez que sentimos que decimos una verdad que no le gusta al poderoso, que disgusta a los dueños del circo, a sus jefes, a sus maleteros, a sus mandaderos y a sus cobardes.
Por ese miedo, pasamos nuestras horas de vida sobre esta piedra que gira, guareciéndonos en jaulas, construyendo jaulas, invitando a jaulas.