Encabezado eft
Paz y Bien
Paz y Bien. Francisco en Asís 04.10.2013 
"La paz de San Francisco no es un sentimiento cursi, sino la de Jesús"

Bergoglio no se deja llevar por los sentimentalismos de la fe, por lo que su grito de paz resuena como una fuerte advertencia: hay que cambiar de vida. "Nunca más la guerra; que en este nuetro mundo haya armonía". El Pontífice citó el Cántico de San Francisco y dijo con severidad: "El hombre está llamado a proteger todo lo que Dios creó". Por ello, es necesario "respetar a cada ser humano", para que "cesen los conflictos armados que ensangrientan nuestra tierra, que callen las armas y en todas partes el odio ceda lugar al amor, la ofensa al perdón y la discordia a la unión".



La paz auténtica es la que compromete a cada uno y cambia profundamente el corazón del hombre. Basta, pues, con un "irenismo" ideológico que ondea como una bandera pero que no cristaliza verdaderamente en las consciencias. Bergoglio predica una verdadera conversión para pacificar el mundo, no una paz "de fachada", llena de retórica, exterior. El Papa exhortó a todos los hombres de buena voluntad a "escuchar el grito de los que lloran, sufren y mueren a causa de la violencia, del terrorismo o de la guerra en la Tierra Santa, tan amada por San Francisco, en Siria, en todo el Medio Oriente, en el mundo". La Iglesia de Bergoglio como la de San Franciscoo quiere despojarse de una "vida agitada" para contraer nupcias con la pobreza y para "imitar a Cristo de manera radical".


Una homilía que define todavía más el programa del Pontificado, una misa que es símbolo del magisterio de los últimos. En toda la vida del Pobrecillo de Asís, subrayó el Pontífice, "el amor por los pobres y la imitación de Cristo pobre son dos elementos unidos de manera indisoluble, las dos caras de la misma moneda".



Ante la Basílica que representa el centro mundial del franciscanismo, el Pontífice celebró al aire libre, a pesar del clima: a sus pies, el valle de Asís estaba lleno de gente y peregrinos; nunca se había visto algo así. "Ser cristianos es una relación vital con la persona de Jesús, es revestirse de Él, es asimilación de Jesús -subrayó Bergoglio. EL camino de Francisco hacia Cristo parte de la mirada de Jesús en la Cruz. Dejarse guiar por Cristo en el momento en el que dona su vida por nosotros y nos atrae hacia sí. En la Iglesita de San Damián, el Crucifijo no tiene los ojos cerrados, sino abiertos de par en par: una mirada que habla al corazón. Es la experiencia de la gracia que transforma, el ser amados sin mérito aún siendo pecadores".



El Pontífice invocó al Pobrecillo de Asís: "Enséñanos a permanecer ante el crucifijo, a dejarnos ver por Él, a dejarnos perdonar, buscar por su amor". De hecho, "quien sigue a Cristo recibe la verdadera paz, esa que solo Cristo y no el mundo puede darnos".



La pequeña ciudad de Asís está llena de fieles en ocasión de la visita papal: "Nunca había visto tanta gente, ni siquiera con Juan Pablo II o con Benedicto XVI", comentó Enzo Fortunato, director de la Sala de Prensa del Sacro Convento.

 

"La paz franciscana no es un sentimiento cursi -advirtió Bergoglio. Por favor: ¡este San Francisco no existe! Y tampoco es una especie de armonía panteística con las energías del cosmos. Esto tampoco es franciscano, sino es una idea que algunos han construido. La paz de San Francisco es la de Cristo y la encuentra quien carga su yugo, es decir su mandamiento: 'Amaos los unos a los otros como yo os he amado'. Este yugo no se puede llevar con arrogancia, presunción, soberbia, sino solo con la mansedumbre y la humildad del corazón". El Papa recordó al Patrón de Italia y ofreció el aceite para la lámpara votiva: "Recemos por la nación italiana, para que cada uno trabaje siempre por el bien común, viendo lo que une más que lo que divide", según la enseñanza conciliar del neo-santo Juan XXIII. La homilía concluyó con la oración franciscana: "Padre de la misericordia, no veas nuestra ingratitud, sino acuérdate siempre de la abundante piedad que has mostrado".

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«Cada cristiano debe desnudarse del espíritu del mundo, cáncer de la sociedad»
La oración de Francisco

La oración de Francisco
En la "sala della spoliazione" de Francisco: «Hoy es un día de llanto por Lampedusa, estas cosas las hace el espíritu mundano»
ANDREA TORNIELLI
Asís

«El cristiano no puede convivir con el espíritu del mundo, la mundanidad que nos lleva a la vanidad, a la prepotencia, al orgullo». En la "sala della spoliazione", en la que San Francisco se desnudó y renunció a todo para ponerse de la parte de los pobres, el Papa que eligió el nombre del Pobrecillo de Asís pidió a toda la iglesia, es decir a cada uno de todos los bautizados, que se "desnudara" de todo lo que no es esencial, para ser solamente «la Iglesia de Cristo». Es la primera vez en 900 años que un Papa visita este lugar. Lo recibieron los pobres a los que ayuda la Cáritas. Esta vez también dejo el discurso que había preparado y pronunció un discurso libremente. Recordó a las víctimas de Lampedusa diciendo: «Hoy es un día de llanto». E ironizó sobre los medios de comunicación que habían hecho "fantasías" sobre el discurso que habría dicho.

 

 

«Es la primera vez que un Papa viene aquí -dijo Francisco- y en los periódicos y en los medios se entretejían fantasías: el Papa irá a desnudar a la Iglesia, desnudará a los obispos, a los cardenales, a sí mismo… Esta es una buena ocasión para hacer una invitación a la Iglesia para que se desnude. Pero la Iglesia somos todos… Todos somos la Iglesia y debemos ir por el camino de Jesús. Él mismo nos ha dado un camino de desnudez. Se hizo siervo, servidor, quiso ser humillado en la Cruz… Si nosotros queremos ser cristianos, no hay otro camino. No podemos hacer un cristianismo un poco "más humano", sin Cruz, sin Jesús, sin desnudarnos. Nos convertiríamos en cristianos de pastelería, como los pasteles muy bonitos y dulces, pero no verdaderos cristianos». «El cristiano -añadió Bergoglio- debe desnudarse hoy de un peligro gravísimo que amenaza a cada persona en la Iglesia, el peligro de la mundanidad. El cristiano no puede convivir con el espíritu del mundo, la mundanidad que nos lleva a la vanidad, a la prepotencia, al orgullo. Y este es un ídolo, no es Dios. La idolatría es el pecado más fuerte. Cuando los medios haban sobre la Iglesia, creen que la Iglesia son los sacerdotes, las monjas, los obispos, los cardenales y el Papa. La Iglesia somos todos nosotros y todos nosotros debemos desnudarnos de esta mundanidad, de este espíritu que va en contra del de las beatitudes, en contra del de Jesús. La mundanidad nos daña. Es muy triste encontrar a un cristiano mundano, convencido de esa seguridad que le da la fe y que le da el mundo. No se puede trabajar en las dos partes. La Iglesia, todos nosotros, debemos desnudarnos de la mundanidad, Lo decía Jesús mismo: no se puede servir a dos amos, o sirves a Dios o sirves al dinero».

 

 

«No se puede servir a Dios y al dinero, la vanidad y al orgullo. Nosotros no podemos -dijo Francisco-, es triste, borrar con una mano lo que escribimos con la otra. El Evangelio es el Evangelio. Dios es el único, y Jesús se hizo siervo por nosotros, y el espíritu del mundo no tiene nada que ver. Hoy, aquí con ustedes, con muchos de ustedes que han sido despojados por este mundo salvaje que no da trabajo, que no ayuda, al que no le importa si hay niños que mueren de hambre, al que no le importa si muchas familias no tienen para comer, no tienen la dignidad de llevar el pan a casa, al que no le importa si mucha gente tiene que huir de la esclavitud y del hambre. Y huir en busca de la libertad, y con cuánto horror muchas veces vemos que encuentran la muerte, como sucedió ayer en Lampedua. Pero hoy es un día de llanto, estas cosas las hace el espíritu del mundo, es de verdad ridículo que un cristiano, un verdadero cristiano, un sacerdote, una monja, un obispo, un Papa quiera seguir el camino de esta mundanidad que es una actitud homicida».

 

«La mundanidad espiritual -concluyó el Papa- mata, mata el alma, mata a las personas, mata a la iglesia. Cuando Francisco aquí hizo ese gesto de desnudarse, era un chico joven, no tenía fuerza, fue la fuerza de Dios la que lo impulsó a hacer esto, la fuerza de Dios que quería recordarnos lo que Jesús decía sobre el espíritu del mundo, cuando Jesús pidió al Padre que nos salvara del espíritu del mundo. Hoy, aquí, pidamos la gracia para todos los cristianos: que el Señor nos dé a todos la valentía para desnudarnos, pero del espíritu del mundo que es la lepra, el cáncer de la sociedad, es el enemigo de Jesús. Pido al Señor que nos dé a todos esta gracia».
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10/ 4/2013
Asís; el abrazo del Papa a los niños enfermos: "¡Hay que escuchar estas llagas!"
Papa Bergoglio abrazando a un niño

Papa Bergoglio abrazando a un niño
La primera y conmovedora etapa del viaje de Francisco a Asís: "Jesús está presente entre nosotros, en la carne de estos chicos"
Andrea Tornielli
Asís

 

"¡Hay que escuchar estas llagas!". El primer encuentro de la jornada de Papa Francisco en Asís fue también uno de los más conmovedores. Bergoglio saludó uno por uno a los huéspedes del Instituto Seráfico, niños y chicos con enfermedades y discapacidades. Los abrazó, acarició, los besó a todos. Se inclinó ante todos. Se dejó tocar el rostro por los niños ciegos que lo buscaban, dejó que otros jugaran con su cruz de metal. No hay palabras para describir este abrazo.


Francisco visita Asís acompañado por los ocho cardenales de su "consejo", que hasta ayer trabajaron para la reforma de la Curia romana. Después de haber saludado a los chicos y a quienes los asisten, el Papa escuchó al alcalde de Asís, Claudio Ricci, y las palabras conmovidas de la presidenta del Seráfico, Francesca di Maolo. Fue ella la que dijo al Papa que hoy, sobre todo en tiempos de crisis y de recortes económicos, estos chicos son "piedras de descarte", sin voz, ellos y sus familias a menudo son abandonados, son "invisibles". Francisco había preparado un hermoso discurso, que contenía el texto de una carta de una chica discapacitada de Buenos Aires, pero prefirió no leerlo y respondió a las preguntas de la presidenta, para hablar de la "carne de Cristo", que todos los que se digan cristianos, deben tocar en los pobres y en los que sufren.




"Nosotros estamos entre las llagas de Jesús", dijo el Papa. Estas llagas deben ser escuchadas, reconocidas. "Y me viene a la mente cuando el Señor Jesús, mientras iba por el camino con aquellos dos discípulos tristes. El Señor Jesús al final les hizo ver sus llagas y ellos lo reconocieron. Después el pan, en el que Él estaba. Mi hermano Domenico (el obispo de Asís, Sorrentino, ndr.) me decía que aquí se hace la adoración. También ese pan debe ser escuchado, porque Jesús está presente y escondido tras la sencillez y la mansedumbre de un pan. Y aquí, Jesús está escondido en estos chicos, en estos niños, en estas personas. En el altar adoramos la carne de Jesús, en ellos encontramos las llagas de Jesús. Jesús escondido en la Eucaristía y Jesús escondido en estas llagas… Necesitan ser escuchadas. Tal vez no tanto en los periódicos, como noticia… Eso es algo que dura dos o tres días, después viene otra cosa, otra cosa… Deben ser escuchados por los que se dicen cristianos".

 



"El cristiano -añadió- adora a Jesús, el cristiano busca a Jesús; el cristiano sabe reconocer las llagas de Jesús. Y hoy todos nosotros, aquí, necesitamos decir: ¡Hay que escuchar estas llagas! Pero hay otra cosa que nos da esperanza. Jesús está presente en la Eucaristía, aquí está la carne de Jesús; Jesús está presente entre ustedes: y la carne de Jesús son las llagas de Jesús en estas personas". "Pero es interesante -explicó Francisco-, Jesús, cuando resucitó era hermosísimo. No tenía en su cuerpo los moretones, las heridas… ¡Nada! ¡Era más hermoso! Solo quiso conservar las llagas y se las llevó al Cielo. Las llagas de Jesús están aquí y en el Cielo ante el Padre. Nosotros cuidamos las llagas de Jesús aquí y Él desde el Cielo, nos muestra sus llagas y nos dice a todos nosotros, a todos nosotros: ¡Te estoy esperando! Que así sea".

Pablo VI y el nacimiento del “C8”
Pablo VI

Pablo VI
Montini hablaba de la posibilidad de asociar al Papa con otros exponentes del episcopado para ayudarle «en el estudio y en la responsabilidad del gobierno eclesiástico»
Andrea Tornielli
Francisco, con el quirógrafo publicado el lunes pasado, a la vigilia de la primera reunión oficial del “C8”, quiso institucionalizar este “consejo” especial de cardenales, designados para ayudar al Papa en el gobierno de la Iglesia yniversal y en el estudio de la reforma de la Curia. Fue el mismo Bergoglio quien recordó, en más de una ocasión, que esta decidió emprender esta iniciativa tras las reuniones y las discusiones pre-cónclave. También es muy significativo que el “C8” no haya comenzado sus trabajos examinando las propuestas de la reforma de la Curia, sino que haya comenzado con el Sínodo de los obispos y la posibilidad de moejorarlo, haciendo más eficaz la participación de los episcopados.

 

 

En la reunión de ayer con los periodistas, padre Lombardi recordó que el “C8” se funda en la eclesiología del Concilio Vaticano II. En efecto, justamente la valorización del aporte que las Iglesias locales pueden dar al gobierno de la Iglesia universal fue el punto de partida para la institución del Sínodo de los obispos. Es interesante volver a leer ahora las palabras de un discurso fundamental de Pablo VI a la Curia romana, pronunciado el 21 de septiembre de 1963. El Papa había sido elegido tres meses antes, estaba por comenzar el Concilio, y Montini –que conocía muy bien las preocuoaciones de diferentes sectores del episcopado mundial frente a la gestión de la Curia– decidió anticiparse a eventuales iniciativas y propuestas que habrían podido surgir en el aula conciliar. Actuando de esta manera, Pablo VI tranquilizó a la Curia, pues la reforma habría sido estudiada y puesta en marcha por él, pero también mandó una señal al Concilio: el Papa había comprendido que era necesario cambiar estructuras y modalidades de gobierno en los organismos curiales.

 

 

Pablo VI se refería explícitamente a las críticas que algunos obispos hacían a los ambientes curiales. «Es sabido que en la Curia Romana se mezclan, con tantos encomios y reconocimientos por sus indiscutibles méritos, las críticas. Como hemos aludido, este fenómeno deriva, sobre todo, de la naturaleza y de la finalidad de la Curia misma; nunca se satisface la medida del dar, en donde se trata de servir la causa de Cristo y de las almas [...] Ello es un estímulo a la vigilancia, un llamado a la observancia, una invitación a la reforma, un fermento hacia la perfección».

 

 

«Debemos acoger las críticas, que nos circundan, con humildad, con reflexión y también con reconocimiento», añadió Papa Montini. «Roma no necesita defenderse dando oídos sordos a las sugerencias que le llegan desde voces honestas, y mucho menos si estas voces son las de amigos y hermanos. A las acusaciones, a menudo infundadas, dará ciertamente respuesta, y a su honor defensa. Pero sin renuencia, sin retorsiones, sin polémica. Mientras tanto, hoy se podrá observar que el propósito de modernización en las estructuras jurídicas y la profundización en la consciencia espiritual no solo no encuentra resistencia, en lo relacionado con el centro de la Iglesia, la Curia Romana; sino encuentra a la Curia misma a la vanguarsia de esa reforma perenne, que la Iglesia misma, en cuanto institución humana y terrena, siempre requiere. Hoy, es desde Roma que parte la invitación a la “actualización”».

 

 

El Papa después aludía a la posibilidad de asociar a algunos exponentes del episcopado a los dicasterios curiales. «Cuando el Concilio ecuménico muestre el deseo de ver asociado, de cierta manera y para ciertas cuestiones, en conformidad con la doctrina de la Iglesia y con la ley canónica, a algún representante del Episcopado, particularmente entre los présules que dirigen una diócesis, al Líder supremo de la Iglesia misma, en el estudio y en la responsabilidad del gobierno eclesiástico, no será seguramente la Curia Romana la que se le oponga». La posibilidad de que un representante estable del episcopado mundial acompañe a los dicasterios habría permitido la institución del Sínodo de los Obispos. Francisco, además de reformar el Sínodo, decidió seguir las indicaciones de Pablo VI creando un “consejo” más reducido, conformado por cardenales arzobispos de los cinco continentes.

 

 

En el discurso del 21 de septiembre de 1963, Pablo VI anunció la intención de modificar la estructura curial para adecuarla al paso de la época y para que fuera más eficaz además de internacional. Indicó que habría que hacer varias reformas, «serán ponderadas, serán alineadas según las venerables y razonables tradiciones, por una parte, según las necesidades de los tiempos, por otra [...] ¡serán formuladas y promulgadas por la Curia misma! Por ello no tendrá el temor, por ejemplo, la Curia Romana de ser reclutada con una visión supranacional más amplia, ni de ser educada con una más cuidadosa preparación ecuménica».

 

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