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La literatura oral: legado en el patrimonio cultural de las naciones

La literatura oral: legado  en el patrimonio cultural de las naciones

 

“No hay nada que podamos amar si lo desconocemos…

Tampoco hay nada que podamos lastimar, si verdaderamente lo amamos…”

                                                             (Afirmación Mbya Guaraní)

 

Datos de la Autora

 

Marta Molina León

Centro de trabajo: Centro Universitario Municipal

Universidad de Artemisa. Cuba

Cargo: Sub Directora de Investigación y Postgrado

Categoría Científica: Máster

Categoría Docente: Profesora Asistente

Teléfono: 0147-38-3394

e-mail  iraylism@infomed.sld.cu

 

RESUMEN 

 

 La  literatura oral forma parte del patrimonio cultural, constituyendo la  expresión de los pueblos donde tradición e identidad se enlazan en la búsqueda y preservación del patrimonio, a la vez que transita desde la oralidad en defensa de la diversidad cultural. Es generadora de un proceso de intercambios donde los seres humanos establecen relaciones entre sí y pasan de la existencia individual aislada a la existencia social comunitaria, a través de ella se  asientan costumbres y formas locales  de vida en el decursar del tiempo, salvaguardarla resulta importante pues ella constituye un legado en el patrimonio cultural de los pueblos.

 

Palabras Claves: literatura oral- patrimonio cultural- tradición- identidad- oralidad.

 

INTRODUCCIÓN

 

El patrimonio cultural está formado por los bienes culturales que la historia le ha legado a una nación y por aquellos que en el presente se crean y a los que la sociedad les otorga una especial importancia histórica, científica, simbólica o estética. Es la herencia recibida de los antepasados, y que viene a ser el testimonio de su existencia, de su visión de mundo, de sus formas de vida y de su manera de ser, y es también el legado que se deja a las generaciones. El patrimonio cultural se divide en dos tipos, tangible e intangible.

 

El patrimonio tangible es la expresión de las culturas a través de grandes realizaciones materiales.

 

El patrimonio intangible está constituido por aquella parte invisible que reside en espíritu mismo de las culturas. Algunos elementos que forman parte de este patrimonio son, la poesía, los ritos, los modos de vida, la medicina tradicional, la religiosidad popular y las tecnologías tradicionales de nuestra tierra. Integran la cultura popular las diferentes lenguas, los modismos regionales y locales, la música y los instrumentos musicales tradicionales, las danzas religiosas y los bailes festivos, los trajes que identifican a cada región, la cocina, los mitos y leyendas; las adivinanzas y canciones de cuna; los cantos de amor y villancicos; los dichos, juegos infantiles y creencias mágicas.

 

[1]La memoria de los hombres es el primer archivo donde quedó recogida la palabra, ajena a niveles culturales. A partir de esta visión, la literatura oral funciona y ha funcionado hasta nuestros días como el más alto exponente de la memoria histórica de los pueblos y el amplio caudal que esta ofrece en materia de transmisión de valores culturales. Ella y sus más disímiles expresiones, han devenido como proceso factible para interpretar el sentido de pertenencia de los hombres y sus colectividades, así como constituyen una vía de aproximación a la identidad cultural de los mismos, de ahí el indudable valor de las fuentes orales en el rescate del patrimonio cultural.

 

A través de este trabajo se pretende preservar la literatura oral como fenómeno socio-cultural que forma parte  importante de las costumbres y vivencias de los pueblos, enriqueciendo el patrimonio cultural.

 

Los pueblos de oralidad tradicional poseen un carácter supuestamente conservador de sus culturas, es por ello que atendiendo a la necesidad de protección del patrimonio se ha propuesto como objetivo de este trabajo el siguiente:

 

Fundamentar la importancia de la literatura oral en el enriquecimiento del patrimonio cultural.

DESARROLLO

 1.1.- UNA MIRADA A LA LITERATURA ORAL

Es "literatura” cualquier conjunto de textos de suficiente relevancia sociocultural que forme parte del patrimonio cognitivo y afectivo de un grupo humano determinado, y sea transmitido de generación en generación en forma ininterrumpida aunque sujeta a cambios diacrónicos. En este contexto parece secundario si tal material es oral o escrito.

 

Las sociedades humanas prehistóricas se formaron sobre la base de la intercomunicación a través del lenguaje. Durante muchísimos años los hombres manejaron sus asuntos a través del uso exclusivo del lenguaje oral. El comportamiento, el razonamiento y las reacciones eran orales. La oralidad es pues, en parte, una herencia, algo que viene desde lejos, algo que, como el caminar erguidos, esta relacionada con  la evolución.

 

La vida en sociedad ha requerido de un sistema eficiente de comunicación y ha sido precisamente el lenguaje lo que ha promovido la socialización. A la vez, es el lenguaje lo que distingue al hombre de los animales. Dentro de las formas de lenguaje, es la oralidad la forma más remota y a la vez la que se adquiere, individualmente, primero. La aparición de oralidad, como sistema de expresión, es muy antigua y se corresponde con otras características de la especie

humana, tales como el andar erguido y el uso de instrumentos, todo lo cual data de alrededor de un millón de años.

 

Teniendo en cuenta que la lengua es un elemento vivo que se encuentra en constante cambio y transformación, y es además un fenómeno compuesto por una serie de aspectos creativos que solo pueden apreciarse en su contexto natural, basados fundamentalmente en la experiencia como caudal enriquecedor del sistema de significados incluido al pensamiento de los

hablantes y a su inmediata transmisión, le corresponde al estudio de la oralidad un papel protagónico en el desarrollo del patrimonio cultural de las comunidades.

 

Según Hamel, «…todo lenguaje es un hecho social en permanente transformación histórica en cuyos lexemas, estructuras morfosintácticas y, sobre todo, formaciones discursivas se sedimenta y reproduce la experiencia de un pueblo y su visión del mundo… no es tan solo soporte del pensamiento o instrumento de la transmisión de conocimientos, sino en primer lugar una acción social que produce efectos de sentido entre los locutores. El discurso es un acto de cultura que produce, transforma y hace circular las significaciones de las estructuras sociales».[2]

 

Son claras y precisas las palabras de Ernesto García Alzola al referirse al lenguaje unido al desarrollo intelectual…”El lenguaje, además, es vehículo de expresión, y como tal supera a todas las otras formas – artes plásticas, música, danza – no en el valor estético, pero sí en la claridad de sus símbolos, capaces de expresar de manera inteligible un número infinito de impresiones (…) el lenguaje sirve de estímulo al propio desarrollo intelectual (…)” [3]

 

Es el lenguaje un medio portador y dinámico de significados en el cual se encuentra la unidad afectiva e intelectual y muestra que cada idea contiene una  actitud hacia la realidad. También el lenguaje permite ampliar las posibilidades de nuevas experiencias de vida y de cultura, al ser un instrumento que manifiesta el sentido de identidad, de desigualdad y riqueza de los grupos sociales, que hace notable el proceso de construcción cultural.

 

Para estudiar el lenguaje se distingue, desde Saussure, entre lengua y habla: la primera social en su esencia e independiente del individuo y la segunda, individual. La primera, un producto que el individuo interioriza pasivamente y la segunda, un acto de voluntad y de inteligencia, de creación.

 

Después del análisis de estas definiciones que registra la bibliografía consultada, se coincide en que se aprecia como característica importante el establecimiento de la comunicación, al ser un valioso instrumento para el desarrollo del pensamiento, para organizar la experiencia y evocar la realidad, provee al individuo de recursos verbales para conocerse y es el elemento fundamental en la formación y desarrollo de la personalidad.

 

Las expresiones literarias refuerzan marcas étnicas (estilos de pensamientos y recepción) involucrados en su función, costumbres, temas y sistemas de creencias religiosas que son expresión y forman parte de la vida de un pueblo con toda su complejidad y supervivencia.

 

Dentro de la literatura oral se enmarcan todos los géneros que pertenecen a lo que se llama discursos connotativos desde los primitivos cantos de trabajos, los cuentos o narraciones, los chistes, pasando por las formas poéticas populares ya propiamente dicha las canciones de cuna y la improvisación. Esta variedad junto a la universalidad y antigüedad de todas sus formas, hablan por si solas de la importancia de la literatura.

Por lo que se puede afirmar que la  literatura oral nace y permanece en el entorno de la familia, entre vecinos y amigos trasmitiéndose a través del tiempo; formando relaciones socio-afectivas, a la vez que educa, recrea y estimula su larga vida, sujeta siempre a cambios y enriquecimientos en su transmisión; aborda diversos temas a veces determinativos de especificidades culturales de una región y hasta una nación, convirtiéndose la literatura oral en un legado de identidad de suma importancia para la cultura del hombre, por lo cual merece un reconocimiento en nuestra sociedad, razón por la que se establece como contacto con la escritura y los medios de comunicación para promover la investigación  y la divulgación  del conocimiento adquirido en las

mismas, enfatizando en lo que respecta a la historia del patrimonio tangible e intangible del pueblo.

 

Esto implica, para la concepción de la oralidad, que ella solamente puede darse cuando existe un oyente individual o colectivo, real o virtual. También implica que la lengua es dinámica y cambiante; sin embargo, este cambio se da en el colectivo y no por la acción de un solo individuo.

La oralidad es un sistema simbólico de expresión, es decir un acto de significado dirigido de un ser humano a otro u otros, y es quizás la característica más significativa de la especie. La oralidad fue, entonces, durante largo tiempo, el único sistema de expresión de hombres y mujeres y también de transmisión de conocimientos y tradiciones. Hoy, todavía, hay esferas de la cultura humana que operan oralmente, sobre todo en algunos pueblos, o en algunos sectores de nuestros propios países y quizás de nuestra propia vida. La transmisión de muchas esferas del saber se da por vía oral: los conocimientos culinarios son una de ellas, a pesar de haber innumerables libros dedicados a la enseñanza de la cocina.

 

Como todo fenómeno, la oralidad se da en concomitancia y relación más o menos estrecha con millares de otros fenómenos que encajan dentro de la misma totalidad. En condiciones normales es muy difícil desligar la expresión oral de la inflexión de la voz y del gesto en general. Puede manifestarse en forma autónoma, sin el auxilio de otros aditamentos, lo cual basta para dar cuenta de su realidad analíticamente independiente; sin desconocer por hecho fundamental de que en materia de cultura toda independencia es sumamente relativa, y hay que verla en última instancia bajo la férula de la totalidad. Para fines prácticos, lo mejor que podemos hacer es considerar como propio de la oralidad toda manifestación humana en que la misma ocupe un lugar relevante y destacado, por más que abunden concomitancias de otra índole.

Constituye un sistema de códigos y mensajes analíticamente separables de su contexto y dotados al menos de una autonomía relativa; a pesar de su amplio margen de independencia, se inserta de manera directa o indirecta en la

totalidad o casi totalidad de los hechos humanos, con los cuales interactúa constantemente, dando origen a una influencia mutua y creativa.

 

La oralidad presenta características propias y específicas que le confieren una dimensión muy peculiar y sui géneris en el contexto de cualquier cultura. La oralidad, -ante todo la que llamamos primaria-,  se fundamenta en el intercambio verbal directo entre las personas, en la existencia de grupos humanos pequeños que se comunican sin mediación alguna, en el diálogo directo y sutil en que se esperan respuestas, comentarios, rectificaciones y hasta la ironía con toda su escala emotiva. Es ridículo pensar que la escritura u otras formas secundarias de comunicación verbal o no verbal puedan reemplazar jamás la oralidad como mecanismo primordial de contacto entre los seres humanos y como vía de acceso expedito para provocar una modificación en la conducta del prójimo.

 

Para Calsamiglia y Tusón (1999), la función social básica y fundamental de la oralidad consiste en permitir las relaciones sociales, pues la mayoría de las actividades cotidianas se llevan a cabo a través de la oralidad; tanto que las relaciones se interrumpen cuando se deja de hablar a alguien. [4]

Walter Ong (1987) señala el hecho de que se considera prehistoria a todo aquello que sucede antes de la aparición de la escritura. Por ello, al proponerse el estudio de la oralidad se enfrenta el prejuicio que implica el proceder de culturas escritas, o de culturas no sólo orales.[5]

 

Es la oralidad, pues, algo primitivo, que constituye el lenguaje en sí desde el principio. Es una forma comunicativa que va desde el grito de un recién nacido hasta un diálogo generado entre amigos.

 

Según Walter Ong en su libro Oralidad y escritura, distingue dos tipos de oralidad, a saber la oralidad primaria y la oralidad secundaria.

 

- Oralidad primaria: Es la forma de comunicarse de las culturas "que no conocen la escritura ni la impresión" con un carácter de permanencia e independencia de la escritura.

 

En el intervalo que va de la primera a la segunda guerra mundial, surgió la instrumentalización de las tecnologías de la comunicación moderna, destinadas a la creación de un lenguaje altamente sofisticado, para la propaganda Política –primero- y después para la comercial. En este período también surgieron los primeros intentos de crear un análisis crítico del discurso, lo que más tarde se conocería como comunicación de masas. A esta etapa, caracterizada por una cultura dominada por las formas orales de la comunicación de masas, Ong la llamó Secondary Orality.

 

- Oralidad secundaria: La cultura está dominada por las formas orales de la comunicación de masas, la instrumentalización de las tecnologías de comunicación y el uso de un lenguaje altamente sofisticado. Esta oralidad se manifiesta principalmente en las sociedades avanzadas, que poseen la escritura como soporte de la memoria.

La oralidad viene siendo el conjunto de usos culturalmente relevantes del lenguaje hablado, en tanto que diferente u opuesto al lenguaje escrito, gestual, corporal o representado en imágenes u otras percepciones, además de relacionarlo con valores, actitudes y conductas que sólo se dan ante manifestaciones del lenguaje articulado y de viva voz.

 

A partir de analizar los diferentes autores que abordan la oralidad  se puede decir que, la misma comprende todo lo que se trasmite a través de la voz, toda comunicación que emplea la palabra viva desde la simple comunicación hasta los cantos personales o colectivos. Ha estado ligada al hombre desde su surgimiento como ser pensante desde los lejanos días desde sus orígenes en que imploraba a lo desconocido para suplir sus necesidades materiales, cantos rituales que han permanecido en el espacio del tiempo, pero que han trascendido a otros cantos, otros rezos, otras poesías, otras formas de hacer arte que no por popular tiene menos trascendencia porque la literatura oral es la expresión del pueblo que la crea.

 La tradición oral no es solamente del pasado más o menos remoto la que actúa sobre las sociedades humanas; hay también una suerte de tradición contemporánea que se va forjando día a día y podrá permanecer o no durante algún período, pero mientras esté vigente su influjo societario será de una magnitud considerable. Así por ejemplo, en las culturas populares urbanas el narrador de episodios tomados de la vida real, de historias del presente que envuelven a todos los participantes, de chistes y anécdotas recogidos sobre la base de los comentarios a flor de labio, es un personaje por lo menos tan importante como el depositario de los cuentos e historias viejas, de tiempos de nuestros abuelos y de generaciones aún más distantes de nosotros. Hay pues toda una cultura oral contemporánea que nada desdice de la tradicional, además de mostrar respecto de ella un sin fin de continuidades y rupturas fascinantes para el estudioso y llamativas aun para el observador no especializado.

 

Puede hablarse de la necesidad de memorizar la tradición oral a fin de transmitirla a las generaciones venideras sin mayor alteración. Pero nadie obliga a una población determinada a dejar su tradición intacta ni estática. Siempre ocurren cambios de cierta monta aun en el lapso de pocas generaciones sucesivas. El hecho de que la tecnología no crezca o se amplíe espectacularmente no es razón suficiente para suponer que la parte no material de las culturas deje de sufrir alteraciones de interés para el observador.

 

Lo oral suele admitir modificaciones, ya que son escasos los pueblos que poseen textos orales enteramente rígidos prácticamente congelados para fines litúrgicos y similares. Sabemos hace tiempo y Levi Strauss ha insistido mucho sobre el particular que hasta los mitos más estandarizados tienen sus numerosas versiones a veces irreconciliables, a tal punto que una sola persona llega a contar más de una variante según sus gustos y necesidades.

 

Las fuentes orales constituyen una forma de transmitir desde tiempos anteriores la cultura, la experiencia y las tradiciones de una sociedad a través de relatos, cantos, oraciones, leyendas, fábulas, conjuros, mitos, cuentos, etc. Se transmite de padres a hijos, de generación a generación, llegando hasta nuestros días, y tiene como función primordial la de conservar los conocimientos ancestrales a través de los tiempos. Dependiendo del contexto los relatos pueden ser antropomórficos, teogónicos, escatológicos, etc. Es un tipo de comunicación que tiene determinadas características que la definen ante otro tipo de comunicaciones orales: es también verbal e inmediata, pero sus significados, a la vez que son presentes, provienen desde formas de conocimiento formadas en el pasado con intención de futuro. Es un puente vivo desde un más allá hacia otro más allá. La tradición oral, como una forma verbal de la comunicación, establece una especie de juego de permanencias en el tiempo. Es un presente continuo donde se conjuga el pasado y el futuro.

 

El término tradición informa sobre lo que viene transmitido del pasado, es el conjunto de conocimientos que cada generación entrega a la siguiente, es decir, lo que del pasado queda en el presente, la permanencia de este en el presente.

“La tradición puede ser considerada como una construcción social que se elabora desde el presente, sobre el pasado, en la medida que es expresión de la identidad conformada de los grupos primarios e individuales en un barrio, comunidad o localidad.” (Jiménez y Torres, n.d.)[6]

 

La tradición tiene vida en un contexto y por ello los individuos que la conforman siguen determinadas costumbres, mantienen formas de lenguaje, cantos, hábitos alimenticios, gustos culinarios, fórmulas medicinales que se convierten en parte esencial de la cultura popular, llegando a conformar el sello identitario que las define.

 

Se puede resumir que la tradición oral es el relato de la memoria y la escenificación de una fantasía que persiste en su pertinencia, no importa la localización de la fuente primaria sino el acto del sujeto que narra el relato, su identidad, su característica popular y la necesidad de volverlo a contar en ese lugar y en un momento especifico de la historia.

 

Al respecto el poeta y novelista Carlos Montemayor estudioso de las formas literarias tradicionales y de la actual literatura en varias lenguas indígenas de México, propone una manera más amplia de entender el concepto de tradición oral:

 

"... en esos contextos de resistencia cultural las lenguas indígenas suponen un uso específico que es en sí mismo un tipo de composición que se destaca del uso coloquial en la misma medida que en cualquier otro idioma se distingue la composición artística de la expresión común... el complejo proceso idiomático y cultural que se ha dado en llamar 'tradición oral' sólo puede explicarse cabalmente a partir del arte de la lengua, pues en estricto sentido, la tradición oral es cierto arte de composición que en las culturas indígenas tiene funciones

precisas, particularmente la de conservar conocimientos ancestrales a través de cantos, rezos, conjuros discursos o relatos."(Montemayor, Carlos.)[7]

 

La expresión oral ha tenido a cargo la transmisión de mediaciones que han fijado formas de comportamiento comunitario ya que “abarca y resguarda el legado cultural comunitario en temas de toda índole, (…) más los comportamientos familiares y colectivos, las leyes heredadas y las fórmulas de trabajo, curación y diversión heredados” (Victori Ramos, María del Carmen, 2004.)[8]

 

A raíz de lo planteado anteriormente puede decirse que la oralidad forma parte de la cultura popular tradicional, que según el Atlas Etnográfico de Cuba es “el conjunto de creaciones que emana de una comunidad cultural fundada en la tradición expresadas por un grupo o por individuos y que reconocidamente responden a las expectativas de la comunidad en cuanto expresión de su identidad cultural y social; las normas y los valores se transmiten oralmente, por imitación o de otras maneras. Sus formas comprenden entre otras, la lengua, la literatura, la música, la danza, los juegos, la mitología, los ritos, costumbres, artesanía y otras artes.” [9]

 

La tradición oral nace y se desarrolla en el seno de la comunidad como una expresión espontánea que busca conservar y hacer perdurar identidades más allá del olvido y la desaparición de las sucesivas generaciones; mantiene un vínculo íntimo con el grupo de personas que la produce y con su dinámica social, intelectual y espiritual, ya que estas a lo largo del tiempo se han adaptado de manera flexible a los cambios, al desarrollo y a las crisis de la comunidad, transmitiéndose de forma verbal y personal, lo cual ha permitido el fortalecimiento de lazos sociales y estructuras comunitarias, el desarrollo de procesos de socialización y educación, el mantenimiento de espacios de creación cultural y el uso de una lengua propia, ya que el lenguaje constituye un fenómeno histórico social, nunca separado de los procesos de la vida en sociedad, influido por tanto, por factores culturales, económicos y sociales en general, y ésta constituye una influencia recíproca, puesto que es el propio lenguaje en todas sus formas de aparición, el cual sirve de instrumento y manifestación a toda la sociedad, pues su función fundamental es permitir la comunicación entre sus miembros y mantener viva la herencia étnica y cultural   de los pueblos, constituyendo un  legado del  patrimonio cultural.

 

1.2.- LA LITERATURA ORAL: UNA FORMA DE ENRIQUECIMIENTO DEL PATRIMONIO CULTURAL

 

La cultura amplía su horizonte; los pueblos la crean y recrean, la asimilan, transforman, conservan y difunden; asimismo se asumen diferentes culturas trasmitidas por naciones, pueblos y comunidades. Sin lugar a dudas, la literatura oral es parte de la cultura del pueblo cubano y ha resultado puente de comunicación entre la Perla del Caribe y otros países que va trasmitiendo el quehacer socio-cultural de la Isla, a la vez que resulta llave que abre puertas en defensa de la diversidad cultural.

 

Como parte de la literatura que es, representa de forma variada y polifacética la sociedad humana, a través del lenguaje, de las costumbres, situaciones, sentimientos, de manera que trasmite a las generaciones posteriores una amplia y rica gama de vivencias, pensamientos y pasiones.

 

Al respecto Martí expresó:

 

“La literatura no es más que la expresión y forma de vida de un pueblo, en que tanto su carácter espiritual, como las condiciones especiales de la naturaleza que influyen en él, y las de los objetos artificiales y hasta el vestido mismo que se usa están reflejados y embutidos.”[10]

 

Interpretando el pensamiento martiano se puede inferir que la literatura, ya sea escrita u oral, constituye la representación artística de una época, de sucesos de la vida cotidiana, dando fe primero de las condiciones especiales de la naturaleza existente en el país, de modos de vidas y comportamientos de los individuos y sus colectividades, de ahí que su estrecho vínculo con el patrimonio cultural, el cual  es portador de un mensaje espiritual de las generaciones precedentes, y por tal motivo, se consideran testimonios vivos de las tradiciones de cada comunidad humana y parte de su identidad, todo lo cual, justifica la necesidad de su conservación para el disfrute de las generaciones venideras.

 

Entiéndase identidad  en el contexto de este trabajo como “un conjunto de significaciones y representaciones relativamente estables a través del tiempo, que permite a los miembros de un grupo social que comparte una historia y un territorio común, así como otros elementos culturales, reconocerse como relacionados los unos con los otros biográficamente”.[11]

 

El concepto de identidad cultural hace referencia a hechos culturales y de conciencia, debe ser declarado a partir de su expresión de la vida cotidiana del pueblo y de sus expresiones más concretas: el lenguaje, las instituciones sociales, cultura popular, el arte y la literatura, los cuales cambian en función del tiempo, el momento histórico y las interpretaciones que coexisten en el marco de las relaciones intergeneracionales.

 

Del Prado considera que la identidad cultural es “parte de la tradición histórica como fuente de valores morales, implícita en nuestra cultura, presente en la vida cotidiana y en el comportamiento social del cubano y revelador de las obras artísticas y literarias que contribuyeron a enriquecer nuestro patrimonio más auténtico” (Del Prado,L.2002).[12]

 

José Martí aunque no da una definición tácita del concepto realiza una asunción teórica – práctica del mismo, que no solo rebasó los niveles de su época; si no que además de trascender el pensamiento político y emancipador de sus coetáneos llega a nuestros días como parte inherente de la unidad nacional que sustenta el proyecto socialista que escogimos como modo de vida y que él definió como:

 

“...comunidad de intereses, unidad de tradiciones, unidad de fines, fusión dulcísima y consoladora de amores y esperanza”, entre los que se alza, como principal amor y concepto superior la Patria. (1975: 95).[13]

 

Se coincide con los criterios de los autores sobre la identidad cultural, ya que la misma no es más que la sumatoria de las diferentes identidades individuales de las personas que conforman un grupo social, es el conjunto de todas las vivencias, tales como estudios, anécdotas, situaciones vitales, etc. de cada persona, elementos indispensable para la toma de conciencia, y su posterior participación en los proceso culturales dentro de la sociedad.

 

En ese enriquecimiento de identidad y patrimonio cultural, la composición oral constituye una tradición, la cual, según Markarian, es “cualquier estereotipo de actividad practicado por grupos humanos. Estereotipos socialmente organizados de la experiencia de grupo, la cual, gracias a la transmisión en el espacio y en el tiempo, se acumula y se reproduce en distintos colectivos humanos.”(1987:106)[14]

 

La autora comparte le criterio de  Markarian cuando expresa que: se fija como tradición local al ser el reflejo de la experiencia propia de una agrupación humana que asimismo manifiesta la creación individual en un espacio histórico y en condiciones específicas y particulares de la existencia; pero también la décima se ubica como una tradición general a partir de ser patrimonio de una determinada multitud de asociaciones con un origen único que trasciende como producto de la transmisión.[15]

 

La oralidad  incide en la formación de los procesos identitarios y forma parte del patrimonio cultural, porque muestran a un ser con el pensamiento desnudo. En sentido general, expresa egoísmos, ambiciones, amor por los demás y por sí mismos, por la naturaleza; en fin, nos revelan la asombrosa trama de pensamientos y sensaciones que caracterizan al hombre común, el de pueblo.

 

Así como el modo de conducirse dice mucho de lo que se lleva por dentro, la oralidad constituye resúmenes de las emociones, del criterio ante situaciones determinadas. Lo mismo encierran consejos que sentencias, optimismo, decepciones, alegrías, impotencia ante el destino que acaece, la infinitud de ideas que circulan en una comunidad precisa a través de sus miembros y que configura su memoria histórica.

 

 Durante 1988-2002 la Oficina Regional de Cultura para América Latina y el Caribe de la Organización para la Educación, la Ciencia y la Cultura de las Naciones Unidas  publica la revista Oralidad. Para el rescate de la tradición oral de América Latina y el Caribe, que conforma un espacio de reflexión, discusión y difusión del patrimonio oral de la región.

 

En 1989 se adopta la recomendación sobre la salvaguarda de la cultura tradicional y popular. Se define aquí el patrimonio oral y el llamado desde entonces «patrimonio inmaterial» en franca sinonímia con el de cultura tradicional y popular como:

 

El conjunto de creaciones que emanan de una comunidad cultural fundada en la tradición, expresada por un grupo o por individuos y que reconocidamente responden a las expectativas de la comunidad en cuanto a expresión de su identidad cultural y social; las normas y los valores se trasmiten oralmente, por imitación o de otras maneras. Sus formas comprenden, entre otras, la lengua, la literatura, la música, la danza, los juegos, la mitología, los ritos, las costumbres, la artesanía, la arquitectura y otras artes.

 

La riqueza de las literaturas orales no puede resumirse en un solo género, por importante que este sea como constante cultural de la humanidad, se manifiesta en una variedad de ellos de los cuales se mencionan algunos como: los cuentos, leyendas, ensalmos, mitos, décimas,  los pregones, seguidamente se explicarán brevemente.

 

Los pregones consisten en publicar en voz alta algo para que todos  se enteren. Alabar en público los hechos, virtudes o cualidades relacionadas con personas o cosas. Tuvo su mayor esplendor en la época de la colonia y la neocolonia.

 

Actualmente con la apertura a la forma de empleo por cuenta propia, dentro de ellos algunos con la condición de vendedores ambulantes, el pregón vuelve a nuestras calles.

 

Los cuentos es la exposición de hechos ocurridos en una localidad. Unos toman la forma de cuento como técnica narrativa y otros se narran tal y como ocurrieron (sucedidos). Fueron introducidos en Cuba a raíz de la revolución francesa de 1871, así sucesivamente las emigraciones posteriores le permitieron la transformación, acriollamiento, y transmisión de los que fueron traídos por españoles, esclavos, franceses y chinos que forman parte de nuestra nacionalidad.

 

Las leyendas se construyen y nutren de acontecimientos que presumen de tener un basamento objetivo, parten de hechos presuntamente ocurridos. Recogen y registran fabulaciones o simples historias de sucesos, hechos o personas.

 

Los ensalmos son curaciones mediante la palabra mágica con o sin ayuda de medicamentos. En todas las épocas hay personas a quienes se les incorporan poderes sobrenaturales al hacer curaciones o rompimientos de males que pueden acontecer y perjudicar a la población, ha tenido un fuerte arraigo desde la época de la colonia hasta nuestros días a pesar de los adelantos y el acceso gratuito a la salud; algunas de estas curaciones son: pasar la mano para el empacho, para cortar la seca, culebrillas, ojos de pescado, entre muchos otros.

 

La décima hace su entrada en nuestra literatura en el siglo XVIII a través de España, estrofa métrica, reina de pregones en voz de campesinos, tuvo su mayor fuerza en la zona occidental, sus temas eran recurrentes a sucesos, festividades, la identidad  del campesino, anuncios publicitarios, acontecimientos sociales, históricos, políticos y humorísticos.

 

Los mitos forman parte privilegiada de todas las literaturas orales tradicionales, y de la base oral de las literaturas escritas que se han dado desde comienzos de la escritura hasta hoy. Ellos tienen gran significación simbólica, colectiva y ritual que son el cimiento de complejas concepciones tradicionales de los pueblos.

 

La oralidad primaria se manifiesta en pueblos que no poseen grafía, y como tal, han desarrollado sistemas complejos de comunicación, que les ha permitido, incluso, crear una conciencia histórica.

 

Desde hace algunos años se ha venido poniendo cada vez más en evidencia la importancia que tuvieron la oralidad y la voz para los textos hispánicos escritos e impresos durante el Renacimiento y el Barroco, e incluso para muchos textos de los siglos XVIII y XIX.

 

Un ejemplo común son los poemas homéricos, La Odisea y La Ilíada, el Cantar de Mío Cid los cuales pertenecen a la historia oral y fueron transmitidos oralmente, para luego llegar a esta época como clásicos de la literatura por medio de la grafía,  constituyendo a la vez parte del patrimonio cultural.

 

La literatura no es la única manifestación cultural privilegiada por la oralidad, ésta se encuentra presente en otras muchas,  dentro de la que se encuentra el teatro, específicamente el teatro mambí,  para referirse a él y a sus dramaturgos mambises Martí expresa:

 

 “Su literatura no estaba en lo que escribían, sino en lo que hacían. Rimaban mal a veces, pero solo pedantes y bribones se lo echarán en cara, porque morían bien.”[16]

 

En la interpretación de la frase se hace evidente que estos mambises hacían sus obras partiendo de sus realidades, por lo que el teatro mambí pertenece a una escena que se despojó de elegancias literarias, tomó la historia de los oprimidos como fuente vital y tuvo fe en el arte como arma patriótica.

 

Este teatro independentista nace con la obra Abdala, original de José Martí y publicada en el periódico La Patria Libre. Se desarrolló donde quiera que radicara un exiliado. Fue una literatura sin escena, un movimiento sin compañía, una acción sin profesionales, que representaba temas de sucesos

dentro de las propias tropas, cómicos bosquejos de las varias clases de mambises, fue un teatro crítico y revolucionario, mostrando los defectos y fracasos de algunos de los que formaban  parte del Estado Mayor y del gobierno del Presidente Céspedes. Este teatro formó una cultura combativa, revolucionaria y realmente popular, expresa los intereses y logros de las grandes masas explotadas de la nación.

 

Es necesario explicar que la oralidad posee rasgos que la caracterizan: acumulativa antes que subordinada, el discurso oral acude más a la pragmática que a la sintaxis y presenta mayores conectores de tipo acumulativo; acumulativas antes que analíticas, el discurso oral opta por el uso de un bagaje formulario: términos, locuciones, epítetos, estas expresiones formularías de las culturas orales se mantienen intactas y no se cuestionan, ni analizan; redundante o copiosa a diferencia de la escritura, el discurso oral utiliza la redundancia y la repetición para captar la atención del oyente; conservadora y tradicionalista, el discurso oral reprime la experimentación intelectual porque sus usuarios dedican gran energía a repetir una y otra vez lo que se ha aprendido arduamente a través de los siglos.

 

La oralidad posee autonomía simbólica que es la capacidad del pueblo de generar, desde sus condiciones de trabajo y de vida, formas específicas de representación, reproducción y reelaboración simbólica de sus relaciones sociales, es decir, todo grupo social organiza sus experiencias en un universo dotado de sentido, posee gestos e ilusiones que lo autodefinen, lo que asegura la producción de un conocimiento y un imaginario desafiantes. Todo sistema de prácticas, de lenguaje y de símbolos tiene un sentido cultural para quienes comparten  similares condiciones  y posiciones sociales; dicho sentido se discute, se negocia y concluye en estilos de vida, definiciones que utilizamos en el lenguaje cotidiano. La cultura popular es una cultura de contestación, de resistencia, que resulta de la creatividad simbólica  intrínseca al ser humano y de una concepción de poder simétricamente variable. Cada individuo o grupo social tiene un capital cultural, unas competencias y unos hábitos que determinan sus interpretaciones.

Los análisis de la influencia de la oralidad en la literatura y el teatro, se pueden realizar en otras manifestaciones de la cultura, ya sea la poesía, la oratoria, la narración, e inclusive formas mixtas entre, la pantomima, la danza y la música, o sea, donde existan personas con vocación para ejercitar un arte oral, ya que el artista plasma en sus obras su espiritualidad y refleja lo mismo de forma explícita o implícita sus sentimientos, emociones y el sentir de su comunidad en el momento histórico concreto en el que realiza su obra, o sea es el reflejo de un época que se puede analizar en un futuro de ahí que la oralidad enriquece el patrimonio cultural.

 

CONCLUSIONES

 

La literatura oral ofrece un amplio caudal en la transmisión de valores culturales y ha devenido como proceso factible para interpretar el sentido de pertenencia de los hombres y sus colectividades.

 

El patrimonio cultural, permite conocer cómo se manifiesta en el individuo el reconocimiento y apropiación de la memoria histórica, del pasado, donde los valores propios de una cultura se acentúan y son esenciales para lograr la integración de él a la sociedad.

 

Cuando se establecen los nexos entre literatura oral y patrimonio cultural, se deduce que el patrimonio  forma  parte de la base misma de las culturas, y la literatura oral ejerce gran influencia en la formación de los procesos identitarios de los pueblos y en el rescate de su historia cultural, siendo la oralidad  un proceso relevante en el enriquecimiento del patrimonio cultural donde ambos contribuyen en la defensa de la cultura nacional.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

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Texto de la Convención para la protección del Patrimonio Cultural y Natural del Mundo



[1]

[2] HAMEL, Rainer Enrique (1993): “Políticas y planificación del lenguaje: una introducción” en Iztapalapa, Revista de Ciencias Sociales y Humanidades, Año 13, Nº 29: “Políticas del Lenguaje en América Latina”, pp. 7 México: Universidad Autónoma Metropolitana 248d7b9e_91_019didáctica.pdf.

 

[3] GARCÍA ALZOLA, ERNESTO. Lengua y Literatura su enseñanza en el nivel medio. - - La Habana: Editorial Pueblo y Educación, 1975. - - 225 p.

 

[4] Calsamiglia Blancafort, H.; Tusón Valls, A. (1999): Las cosas de decir. Manual de análisis del discurso. Barcelona: Ariel. p 29

 

[5] ONG, WALTER J. (1987). Oralidad y escritura. Tecnologías de la palabra. México: Fondo de Cultura Económica.

 

[6]Citado por: Mirabal Pérez,  Yoanelys y Lahera Alejandre: La oralidad como expresión de la cultura popular tradicional en la comunidad La Josefa en Caonao, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, julio 2011, www.eumed.net/rev/cccss/13/

 

[7] Citado por Mirabal Pérez,  Yoanelys y Lahera Alejandre: La oralidad como expresión de la cultura popular tradicional en la comunidad La Josefa en Caonao, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, julio 2011, www.eumed.net/rev/cccss/13/

 

[8] VICTORI RAMOS, María del Carmen. (2004). Lo oral en la encrucijada. La Habana: Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello

 

[9] Mirabal Pérez,  Yoanelys y Lahera Alejandre: La oralidad como expresión de la cultura popular tradicional en la comunidad La Josefa en Caonao, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, julio 2011, www.eumed.net/rev/cccss/13/

 

 

 

[10] Obras Completas. Editora Nacional de Cuba. Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1963-1973, t.VIII, p.338

[11] Apud Mansillas S. Literatura e identidad cultural. Rev Estudios filológicos [seriada en línea] 2006 (41): p. 131- 143.

 

[12] Citado por Mirabal Pérez,  Yoanelys y Lahera Alejandre: La oralidad como expresión de la cultura popular tradicional en la comunidad La Josefa en Caonao, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, julio 2011, www.eumed.net/rev/cccss/13/

 

[13] Citado por Barzaga Gómez Yulianela. Trabajo de Diploma. Las tradiciones orales como parte de los rasgos identitarios del municipio Sagua de Tánamo. Instituto Superior Moa Holguín. 2008-2009

[14] Markarián, E: Teoría de la cultura. Redacción Ciencias sociales. Contemporáneas. Moscú, 1987. p 106

 

[15] Markarián, E: Teoría de la cultura. Redacción Ciencias sociales. Contemporáneas. Moscú, 1987. p 106

 

[16] RINE LEAL. Breve historia del teatro cubano. Ed. Félix Varela. La Habana, 2004. p.47.

 

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