Encabezado eft
A propósito de la homosexualidad

Título:                                                                                                                         A propósito de la homosexualidad

Autor:                                                                                                                            Elba Martínez Picabea de Giorgiutti

Fecha de envío: 2 de agosto de 2013

Fecha de recepción:

Resumen:

La reproducción sexual constituye uno de los mecanismos fundamentales que hacen posible la vida en especies superiores entre las que se encuentra Homo sapiens. ¿Cómo se desarrolla  la sexualidad en cada ser humano? ¿Qué mecanismos entran en juego para que un hombre sea un hombre y una mujer sea una mujer? ¿Ser hombre o ser mujer depende de cuestiones genéticas, o de influencias ambientales, o de la voluntad del individuo? ¿Y qué se puede suponer o postular respecto de aquellas formas de atracción sexual que parecerían ir a contracorriente de las necesidades de perpetuación de la especie? La ciencia se ha formulado nuestras mismas preguntas en muchas ocasiones; las respuestas han sido siempre parciales. La genética, y sus recientes descubrimientos, amplía el horizonte para permitir nuevas interpretaciones sobre los mecanismos de la homosexualidad humana.

Palabras clave:

Diferenciación sexual, sexualidad humana, homosexualidad, heterosexualidad.

Introducción:

La vida, tal como la conocemos hoy, reposa sobre dos pilares fundamentales: el metabolismo y la reproducción. Definimos metabolismo como la capacidad de tomar elementos del ambiente, transformarlos e incorporarlos. Yourcenar lo expresa elocuentemente en boca de Adriano Emperador de Roma: ...Jamás mordí la miga de pan de los cuarteles sin maravillarme  de que ese amasijo pesado y grosero pudiera transformarse en sangre, en calor, acaso en valentía .  Pero, aún mucho antes que Adriano, alguien expresó elocuentemente  aquello de que …toda la carne es heno . Quienes esto consignaron en las Escrituras Sagradas no podían desconocer que primero fue el pasto y luego la carne. Bien sabemos hoy que sin fotosíntesis no existiríamos. Esto es el metabolismo. La reproducción, característica privativa de los seres vivos,  es la capacidad de “construir” organismos de la misma especie.

Sexualidad y homosexualidad:

Un tipo especial de reproducción - la sexual – se caracteriza por la significativa complejidad de los mecanismos que involucra aún en el más sencillo de los seres que así se multiplican. El sexo, que conforma el mecanismo reproductivo de las especies más desarrolladas, es un recurso de la naturaleza para garantizar la aparición de variación en la descendencia. Los seres sexuados son protagonistas de un proceso que asegura la variabilidad genética mediante los cruzamientos al azar. La clonación, que en nuestros días es un tema de profundo debate, constituye, por el contrario,  un tipo de reproducción a-sexual de especies inferiores mediante la cual la descendencia conserva el mismo genoma que el individuo parental. Evolutivamente, la reproducción a-sexual es anterior a la reproducción sexual. Efectivamente: aquella fue la condición primitiva de los organismos vivos, que aún existe y es fácilmente observable en especies vegetales. (Hagamos un esqueje o gajo de malvón  y lograremos reproducción por clonación). Sin embargo la predominancia evolutiva de la sexualidad sobre la a-sexualidad, a pesar del "costo biológico" de aquella, se explica por sus enormes ventajas adaptativas para individuos y especies .                                              Homo sapiens es un ser sexuado y el sexo  es una de las cualidades fundamentales de la persona. Los animales superiores, entre los que - desde un punto de vista estrictamente biológico - debemos incluirnos, somos el producto de la evolución, a lo largo de los siglos, de otras formas de vida. La combinación de mutación y selección asegura que la especie, a través de los individuos, vaya adquiriendo características que le otorgan una creciente adaptabilidad al medio. Esta adaptabilidad presupone la existencia de cierta variabilidad genética en las poblaciones. Sobre esta variedad disponible de estructuras genéticas, el medio va cincelando formas mejor dotadas mediante el ejercicio de una presión de selección en un sentido positivo o negativo. Se eliminarán los ejemplares menos aptos y se privilegiarán los mejor dotados. Privilegiar, en este sentido, constituye el reaseguro de que sus genes perdurarán en la descendencia. Pero para que la variabilidad genética de las poblaciones y de las especies - que constituye  en alguna medida la garantía de su supervivencia en cuanto tales - tenga lugar, es imperativo que los  cruzamientos de los individuos que la componen sean aleatorios. (Los genetistas médicos conocemos, sobradamente, los riesgos que significan las uniones consanguíneas y los grupos endogámicos).                                                                                                                                      ¿Cómo se desarrolla  la sexualidad en cada ser humano? ¿Qué mecanismos entran en juego para que un hombre sea un hombre y una mujer sea una mujer? ¿Ser hombre o ser mujer depende de cuestiones genéticas, o de influencias ambientales, o de la voluntad del individuo? ¿Una anatomía de  hombre o mujer implica necesariamente una función masculina o femenina, según la mirada de la biología? ¿Y qué se puede suponer o postular respecto de la atracción sexual en general y, específicamente de aquellas formas de atracción sexual que colisionan con lo esperado de acuerdo con la constitución corporal de quien las manifiesta?                                                                                                                       La ciencia se ha formulado nuestras mismas preguntas en muchas ocasiones. Algunas veces ha encontrado respuestas, siempre parciales, y otras veces sólo especulaciones de quienes realizan afirmaciones sin el sustento que la hipótesis y la contrastación requieren.                                                                                                                                                   La naturaleza crea las condiciones para el desarrollo biológico del sexo, y para el ejercicio sexual; y lo hace con un propósito muy preciso: la prosecución de la especie. Pero esta perpetuación que busca la naturaleza, y que podríamos calificar de “duración con evolución”, tiene un precio muy singular: es necesaria una adecuada velocidad evolutiva mediante la riqueza de variación en la descendencia. Y esto se logra cuando existe intercambio sexual.                                                                                                 Desde esta perspectiva evolutiva deberíamos preguntarnos: ¿Cómo se entiende, entonces, la homosexualidad? Sabemos que la atracción homosexual existe en nuestra especie y en otras. ¿No atentaría la homosexualidad contra los designios de la propia especie que persigue perpetuarse?                                                                                                     En el ser humano, las excepciones a la regla de la naturaleza  en lo que significa la atracción sexual por individuos del mismo sexo, no responden a una única causa, sino a una variedad de fenómenos que no pueden - ni deben - ser considerados como un conjunto homogéneo. Con un criterio científico riguroso no es correcto incluir  bajo el simple rótulo de “homosexuales” – y sin más - a todas las personas que manifiestan inclinación por individuos de su mismo sexo. Porque el riesgo de homogeneizar el espectro es perder claridad en la consideración de situaciones que pueden diferir significativamente unas de otras. Es imperativo diferenciar grupos o – por lo menos – intentarlo. En primer término será menester desglosar el grupo de aquellas personas que padecen alguna de las llamadas “anomalías del desarrollo sexual”, de aquellas otras en que se habla de “elecciones de conducta sexual” o “trastornos de la identidad sexual”. Las primeras presentan frecuentemente alguna alteración estructural, y secundariamente funcional, que - casi indefectiblemente - les significa dificultades en la adaptación personal y social. De las segundas, cuya estructura sexual es normal al nivel anatómico, no podemos descartar de modo absoluto la existencia – subyaciendo – de desórdenes biológicos, eventualmente sutiles aunque no conspicuos, que por su difícil diagnóstico le han sido vedados a la ciencia hasta ahora. Si esto fuera así, aún cuando se desconozcan el o los  mecanismos patológicos actuantes, no debería ser una situación vergonzante o condenable admitir determinada “condición” para la cual aún no se ha llegado al conocimiento científico de la causa o las causas. No existen efectos sin causas.                                                                                                                                                 La naturaleza muchas veces se equivoca y comete errores. Éstos puedes ser groseros, como cuando nace un niño con genitales ambiguos, o más sutiles como seguramente ocurre en algunos casos de atracción homosexual sin manifestaciones patológicas a la vista.  La hipótesis que, en este escrito quisiera presentar, es justamente esta última: acaso algunos casos de homosexualidad humana podrían ser decisiones de la naturaleza.  No descarto – de ninguna manera – factores ambientales, pero tampoco elimino del escritorio las causas predominantemente genéticas, sin otras manifestaciones exteriores.                                                                                              Las personas con “anomalías del desarrollo sexual” - que deben ser consideradas “enfermedades” - podrán tener eventualmente dificultades para su inserción en la sociedad, y en su grupo de pertenencia, en función de los problemas habidos en la asignación, morfología y/o función – y secundariamente en la conducta  sexual - a lo largo de su vida. Pero estamos hablando de signos y síntomas de enfermedades – la mayoría suficientemente conspicuos como para requerir la consulta médica -  cuya etiología se fundamenta en defectos preexistentes, tal como la epilepsia responde a ciertos desórdenes del sistema nervioso.                                                                                                La inclinación sexual del ser humano, tanto en el sentido de homo como en el de heterosexualidad, es un rasgo que, como toda característica de la persona, reconoce en su conformación factores genéticos y ambientales. La naturaleza garantiza la perpetuación mediante la atracción heterosexual, pero los mecanismos de biológicos que entran en juego  en la homosexualidad son los mismos – con diferencias cualitativas - que los de la heterosexualidad.                                                                                         Lamentablemente, en el “bolsón” de la homosexualidad humana se incluye gran cantidad de cuadros,  muchos de los cuales  no guardan ningún “parentesco” entre sí,  ni siquiera como respuesta a patrones biológicos comunes.                                                                      Absolutamente todo en el ser vivo es producto de la interacción dinámica – en función del tiempo – de factores genéticos y ambientales actuando mancomunadamente  en proporciones diversas. De modo que: el fenotipo es el resultado de la suma algebraica del genotipo y el ambiente. En el hombre interviene la libertad, ausente en resto de la naturaleza. En ocasiones predomina el componente genético, otras veces lo hace el ambiente, pero siempre se verifica – en alguna medida – una interacción. Esta generalización, que se cumple con todo rasgo humano, define un mecanismo de construcción de estructuras y funciones sexuales con criterio binario. Verificamos cierta “intransigencia” de la naturaleza, que condiciona  secundariamente conductas.                                                                                                                                                   En Homo sapiens existen  numerosos genes, tanto en los cromosomas sexuales como en los autosomas, cuyos productos están estrechamente ligados al desarrollo sexual, y la alteración de los cuales conduce a distintos tipos de “anomalías en la diferenciación sexual” y secundariamente a trastornos de la identidad sexual: desde genitales ambiguos, hasta manifestaciones tardías de características sexuales morfológicas discordantes con respecto a lo esperado.                                                                                                                             Estos genes y factores biológicos son hoy mejor conocidos que ayer merced a la interpretación de las manifestaciones patológicas que tienen lugar cuando ocurre algún tipo de alteración o mutación que modifica su función codificante. De esta manera es posible – mediante la interpretación del defecto -  el conocimiento de los mecanismos responsables de la función normal. Una vez más se cumple aquello de que la patología nos descubre la fisiología.                                                                                                                            En el ser humano el empleo del método experimental, para verificar determinada hipótesis, no es posible, como sí ocurre con otros seres vivos. Es que la investigación científica, tal como lo define la ortodoxia epistemológica, sólo es posible en fenómenos repetibles. Por ello resulta crucial la interpretación de los hechos que subyacen, en los “experimentos” que la naturaleza misma lleva a cabo, de tanto en tanto, en Homo sapiens. Me estoy refiriendo específicamente a esa gran cantidad de  cuadros patológicos incluidos en el vasto capítulo de las “anomalías de la diferenciación sexual humana”, que hemos mencionado previamente.                                                                                                                                                      Me parece relevante recordar que, en nuestra especie, habitualmente  la asignación de sexo ocurre, o bien en el momento del nacimiento por observación directa, o bien durante la gestación, mediante técnicas de diagnóstico por imágenes; pero en general sigue siendo a partir de la observación de la estructura de los genitales externos del recién nacido o del feto por nacer. Se trata de un sistema universal pero no por ello menos rústico, según el cual si una persona naciera con una condición sexual diferente de la esperada según la apariencia de sus genitales externos, quedaría sin un diagnóstico precoz y, eventualmente, con una asignación sexual no correcta, por lo menos en algunos casos. Si las manifestaciones externas del sexo del recién nacido, o del feto, no son categóricas, esta persona tendrá un problema a futuro. Pero puede ocurrir que, quienes tienen sus genitales externos bien definidos y no manifiestan con posterioridad al nacimiento síntomas de trastornos hormonales u otros,  presenten  asimismo problemas a futuro en la atracción sexual, en discordancia con su sexo de asignación. Un tipo de atracción sexual diferente de “lo esperado" es lo que vulgarmente – y por lo general con cierto apresuramiento -  se conoce como “condición homosexual” u “homosexualidad”. (Aquí no quisiera introducir el concepto de “género”, que considero una construcción cultural artificial, y que en todo caso debería denominarse “conducta sexual de elección” o “sexo de elección”).                                                                                                                          Muy poco es lo que la ciencia contemporánea ha aportado al conocimiento de la “condición homosexual” en Homo sapiens y en otras especies inferiores. No obstante, se sabe que la inducción de mutaciones génicas, en el laboratorio, puede condicionar comportamientos homosexuales en algunos insectos    6.                                                                            ¿Cuáles son las circunstancias patológicas que, en el ser humano, echan luz sobre los mecanismos normales del desarrollo sexual?                                                                Volvamos al análisis de aquellos cuadros patológicos correspondientes al capítulo de las “anomalías del desarrollo sexual”, que incluye desde trastornos en la constitución cromosómica de la célula huevo que dará origen a una persona, hasta complejas interacciones  genéticas y hormonales que condicionan  la aparición de pseudo-hermafroditismos y otros trastornos de la diferenciación sexual tanto en hombres como en mujeres7. El análisis de estos desórdenes no es sencillo y, si bien son cuadros de escasa frecuencia poblacional, no se trata de “rarezas de libro”.                                            Existen comprobados numerosos genes que intervienen en la constitución de genitales internos y externos de hombre y mujeres y también en las regulaciones de hormonas y factores responsables de la masculinización y de la feminización. Si alguno de estos factores falla, pueden ocurrir diferentes eventos: desde la ya mencionada aparición de genitales ambiguos en el recién nacido, hasta la existencia de genitales internos femeninos en un varón o testículos en una mujer, con la consiguiente “cascada” de efectos secundarios a lo largo de la vida. La mención de estas enfermedades es al sólo efecto de señalar que es indudable la existencia de factores genéticos en la determinación y diferenciación sexual en el ser humano. Por lo menos media docena de grupos etiológicos o categorías de condiciones intersexuales en varones y otros tantos en mujeres, reconocen una causa comprobadamente genética. Esto también significa que muchos genes del genoma humano son responsables de la diferenciación sexual normal.  (Un novedoso capítulo, en este sentido, lo constituyen los recientemente descubiertos mecanismos de la epigénesis, asunto sobre el que no nos detendremos).                                                                                                                                                                                       

A modo de conclusión:         

La asignación del sexo en el recién nacido, o en el feto, se relaciona inevitablemente con la identidad y conducta sexual posteriores. Pero no siempre la identidad anatómica, que condiciona  la definición del sexo de asignación, coincide con el tipo de atracción sexual que el individuo experimenta posteriormente, y/o con  la conducta sexual en la edad  adulta.       De modo que es necesario establecer una clara distinción entre aquellas personas con anomalías del desarrollo sexual, en las cuales el cuadro clínico adquiere relieves de intersexo morfológico o funcional, y aquellas otras en que sólo existe una inclinación homosexual sin otras connotaciones.  Las primeras son los casos que consultan al médico. Las segundas muchas veces afrontan con altura y dignidad la situación que les toca vivir. Respecto de las personas que se incluyen en ambos grupos, me he preguntado muchas veces si todos ellos habrían elegido libremente ser así. Seguramente no todos. Por otra parte, es nuestro deber profesional no encolumnar gratuitamente – y sin un análisis más profundo - a toda persona homosexual, junto con aquellas otras  que padecen distintos tipos de aberraciones conductuales en el orden de lo sexual. Sería un error gravísimo. También en el mundo heterosexual existen desviaciones de la conducta sexual, algunas merecedoras de ser incluidas en los manuales de enfermedades siquiátricas, y que flaco favor le hacen a quienes afrontan una condición diferente y que por lo general no han elegido.                    La ciencia no ha podido, hasta el momento, reconocer fehacientemente la existencia de factores biológicos causales de tal inclinación que atentaría contra la prosecución de la especie.  Por esta razón hemos creído oportuno señalar algunos de aquellos mecanismos que investigaciones científicas previas han reconocido como responsables de la “construcción del sexo” en Homo sapiens, y de los cuales no podemos asegurar que no ejerzan alguna influencia en lo que concierne a los modos de la atracción sexual humana. Este señalamiento persigue poner en evidencia el hecho de que, si es tanto lo que aún desconocemos de los complejos mecanismos de la determinación y diferenciación sexual en nuestra especie, no podemos atribuirnos el derecho de considerar a toda inclinación homosexual como volitiva o ambiental, sin mirar hacia el interior de nuestros genes.                                                                                                                                                                                                         Antes de finalizar quisiera retornar a un concepto mencionado previamente.                            En condiciones de “normalidad biológica” el sexo ofrece siempre un carácter bimodal: se es hombre o se es mujer. En condiciones patológicas, cuando ocurren alteraciones del desarrollo sexual, aparece un amplio espectro entre estos dos rangos cuya valoración, según los criterios adoptados, podrían definirse desde varón “aparentemente normal” hasta mujer “aparentemente normal”. Esto significa que, a pesar de las afirmaciones de Gregorio Marañón respecto de que “el cerebro es el órgano sexual más importante del ser humano"8,  la llamada “sexualización” del cerebro no es, indudablemente, el único factor biológico asociado con la “construcción del sexo” en Homo sapiens.                                                                                                                 La ciencia ha hecho hasta aquí un recorrido vertiginoso en las últimas décadas. Supongo que el avance en esta materia no será indefinido. Ya lo dijo Ortega: … Es esencial a la dignidad de la ciencia conocer bien sus propios límites9. Sin embargo, me animaría a insinuar que, en estos asuntos, aún no  hemos alcanzado el límite. Indudablemente los factores genéticos que intervienen en la inclinación homosexual de algunas personas, sin otras características a la vista, serán - algún día- mejor conocidos que hoy. En la valoración de las conductas interviene la libertad humana, y aquí ya no nos corresponde opinar.

REFERENCIAS

  Yourcenar, M. Memorias de Adriano. Editorial Sudamericana. Buenos Aires. 1985. (p.15)

 

2 Génesis. Isaías 40,6.

3 Martínez Picabea de Giorgiutti E. Clonación humana: Reflexiones desde la Bioética. Publicación electrónica Química Viva. Nº1. Año 3. Buenos Aires. Abril 2004.

4 En especies inferiores, como algún tipo de moscas, es posible inducir una reversión en la conducta sexual innata mediante mutaciones génicas producidas artificialmente en el laboratorio.

 

5 Grosjean Y, et al.  A glial amino-acid transporter controls synapse strength and courtship in Drosophila. Nature Neuroscience 11, 54 – 61. 2008. Published online: 9 December 2007.Fecha de consulta: febrero 2009.

 

9 Gill KS. A mutation causing abnormal courtship and mating behavior in males of Drosophila melanogaster. Am Zool 1963; 3:507.Citado por Rodriguez Larralde A. y Paradisi I. Influencia de factores genéticos sobre la orientación sexual humana: Una revisión. Invest. clín. [online]. sep. 2009; 50:377-391.

7 Para una mayor amplitud de los conceptos consultar: Martínez Picabea de Giorgiutti, E. Desarrollo y significación del sexo en el ser humano. En: Genética y Bioética, dos espacios convergentes. Editorial Dunken. Buenos Aires. 2013.

8 Lacadena J.R. De Genética y Bioética. https://www.cnice.mecd.es/tematicas/genetica/index.html. Consulta: julio 2001.

9 Ortega y Gasset J. Kant, Hegel, Scheler. Revista de Occidente. Alianza Editorial. Madrid. 1983.                                                  

 

 

 

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