Soneto XIII:
A Dafne ya los brazos le crecían,
y en luengos ramos vueltos se mostraba;
Monstruo anónimo
Monstruo anónimo, de vida oscurecida,
a quién hasta la misma muerte temía.
Un pasado turbio del que siempre huía
con el cuerpo malo y la mente ensombrecida.
Allí con mil doscientos años de vida,
quién diría que bajo vendas escondía
a la muchacha a la que el ácido corroía
la faz derecha totalmente corrompida.
Sorprendería saber que pasó con ella,
pues un frío joven llegó a su fortaleza,
la liberó y ésta brilló cual estrella.
Sin tocarse, ni siquiera con sutileza,
viendo sus almas de la manera mas bella,
caminaron a la par, aunque con rudeza.
Luna Dávila
Soneto para mi amada ángel
Preciosa dama alada que me bendijo,
una luz celestial me ilumina ante ti.
Cuando peor estaba, tu voz dijo;
calma jóven doctora estoy para ti.
Sólo eso solo bastó para vivir,
tanta muerte vi y por eso me rendí.
por favor, contigo ahora deseo ir,
claro vámonos al cielo, dí.
En ese momento te vi partir, vuelve,
no regresaste a mi hace tiempo,
cariño de mi alma, a las nubes ve.
Hoy amanecí, contigo a mi lado,
yo con alas pues morí, pero sonreí,
pues siempre, te estaré amando.
Camila Velloso