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OIT. Informe Trabajo decente y juventud en América Latina Diciembre 2013

OIT. Informe Trabajo decente y juventud en América Latina Diciembre 2013

En América Latina y el Caribe hay unos 108 millones de jóvenes entre 15 y 24 años. Muchos de ellos aún se dedican exclusivamente al estudio, pero poco más de la mitad ya forman parte de la fuerza laboral. Es decir, están dando sus primeros pasos en el mundo del trabajo. La situación laboral de los jóvenes plantea un desafío político en esta región, porque sus deseos de trabajar y de construir una vida a partir de sus empleos, tropiezan con la realidad de un mercado laboral en el cual deben enfrentarse a un alto desempleo y a la informalidad. Estamos frente a un panorama complejo: tenemos la generación de jóvenes mejor educada

que haya existido, con un mejor manejo de las nuevas tecnologías y una mayor adaptabilidad en comparación con los adultos, pero hay una serie de obstáculos que impiden aprovechar este potencial. La falta de oportunidades de trabajo decente causa desaliento y frustración en estas nuevas generaciones de trabajadores, lo cual contribuye a generar cuestionamientos a las instituciones que incluso repercuten sobre la gobernabilidad. Otros se recluyen en la inactividad, sin

estudiar ni trabajar. Entre 2005 y 2011, en un contexto de crecimiento económico, el desempleo de los jóvenes de 15 a 24 años se redujo de 16.4% a 13.9%, pero esta tasa continúa siendo el doble de la tasa general y el triple de la de los adultos. Además, casi 6 de cada 10 jóvenes que si logran conseguir un empleo, están en condiciones de informalidad. Este Informe contiene datos sobre la situación de los jóvenes de América Latina en cuanto a la educación y el empleo, e incluye una descripción de los indicadores relevantes, un análisis sobre las causas y consecuencias de lo que se está presentando, y de los retos que el acceso

de la juventud a empleos productivos y trabajo decente plantea a gobiernos y actores sociales de la región. También se incluye un capítulo sobre la nueva generación de políticas que se están aplicando en América Latina y el Caribe. En este apartado se intenta sintetizar las variadas respuestas que los gobiernos impulsan en materia de empleo juvenil. Para finalizar, se incluye un capítulo

sobre las acciones que se promueven desde la Oficina Regional de la OIT, así como las prioridades y líneas de acción que esta oficina desarrollará en los próximos años. A lo largo de todo el Informe se hace especial énfasis en la desagregación de los resultados más relevantes según países, sexo, edad (adultos, jóvenes de 18 a 24 años), y, en la medida en que la información disponible lo permite, área de residencia (urbano/rural). El ejercicio de desagregar los resultados según diferentes criterios es importante porque la reducción de las diferencias sociales y económicas entre los jóvenes latinoamericanos comienza por el reconocimiento de la heterogeneidad, y, por ende, supone la necesidad de aplicar políticas integrales ajustadas a cada situación en particular. Esperamos que el Informe que presentamos contribuya para que más jóvenes puedan acceder a un trabajo decente que les permita desarrollarse y aportar al desarrollo de sus familias y el

progreso de sus países. Hoy la juventud tiene que ser vista como uno de los principales valores del capital social de la región y debe dejar de ser pensada como algo lejano, ubicado en el porvenir. Para los jóvenes, el futuro comienza todos los días.

Elizabeth Tinoco, Directora Regional Oficina Regional de la OIT para América Latina y el Caribe

Lima, diciembre de 2013

 

 

INTRODUCCIÓN

 

 

En un contexto en el que la gran mayoría de los países de América Latina y el Caribe ha logrado un buen desempeño económico, sobreponiéndose paulatinamente a los embates de la reciente crisis financiera internacional, los 108 millones de jóvenes de 15 a 24 años de edad en 2013 parecen disponer de condiciones sumamente favorables para su desarrollo en diferentes

ámbitos de su vida. Más educados que las generaciones previas, con un mejor manejo de las nuevas tecnologías y una mayor adaptabilidad en comparación con los adultos, tendrían mayores oportunidades de acceder a mejores condiciones laborales y trayectorias laborales ascendentes. Sin embargo, según datos de la OIT sobre trabajo decente y juventud 2013, una serie de obstáculos impide el aprovechamiento pleno de estas ventajas. No obstante los logros alcanzados en algunos indicadores laborales, la precariedad de la inserción laboral de

los jóvenes continúa siendo una característica persistente en la región.

Entre 2005 y 2011, el desempleo de los jóvenes de 15 a 24 años se redujo de 16.4% a 13.9%, triplicando la tasa correspondiente a los adultos. Si bien esta reducción del desempleo es positiva, los jóvenes desempleados representan más de 40% del total de los desempleados de la región. Asimismo, se destaca la gravedad del problema en el caso de las mujeres jóvenes, cuya tasa de desempleo a nivel regional alcanzó el 17.7%, comparado con un 11.4% en el caso de los hombres jóvenes. Del total de jóvenes de la región, aproximadamente 35% solo estudia

y 33% solo trabaja; cerca de un 12% estudia y trabaja al mismo tiempo, y uno de cada cinco jóvenes en la región no estudia y ni trabaja (los Ni-Ni). Uno de cada 20 jóvenes no estudia, ni trabaja ni desempeña quehaceres del hogar, y tampoco busca trabajo, tratándose, sin duda, de jóvenes excluidos y de alto riesgo social. Además, 20% de las mujeres jóvenes del mismogrupo etario se ocupan en oficios del hogar, limitando así sus perspectivas favorables para una futura inserción laboral, en comparación con solo 2% de los hombres jóvenes que se dedican

a esas labores, fenómeno que guardaría mayor relación con patrones culturales asociados a la desigual distribución de las tareas entre los miembros del hogar antes que con un problema exclusivamente relacionado con la inserción laboral juvenil. Entre los jóvenes que trabajan, un elevado porcentaje lo hace en condiciones precarias, solo 40% cotizan a un seguro de salud y

39%, a un sistema de pensiones. Por último, más de la mitad (55.6%) tiene un empleo informal, lo que por lo general significa bajos ingresos, inestabilidad laboral, desprotección y violación de derechos laborales. Además de la brecha intergeneracional y de género, otro elemento que afecta la inserción laboral juvenil es la alta segmentación socioeconómica, que a la vez es reflejo y origen de la elevada desigualdad en América Latina. En efecto, las evidencias indican

que se mantiene una enorme brecha en el desempleo de los jóvenes pertenecientes a los quintiles de menores recursos (25.5%) frente a los quintiles de mayores recursos (8.5%). Esta fuerte correlación de acuerdo con el nivel de ingreso familiar per cápita se mantiene en todas las variables: solo cerca de 12% de jóvenes del quintil más pobre cotiza a un seguro de salud o sistema de pensiones, frente un 60% del quintil más rico que cumple con estas cotizaciones. De manera similar, quienes pertenecen a los quintiles de menores recursos tienen más probabilidades de tener un empleo informal (77%) en comparación con las de los que tienen

más recursos (41%). En consecuencia, se puede afirmar que la situación laboral de los jóvenes latinoamericanos es crítica, dinámica y segmentada, todo lo cual presenta un gran desafío para las políticas públicas.

La resolución relativa al empleo de los jóvenes, aprobada por la Conferencia Internacional del Trabajo en 2005, presentó un conjunto amplio de políticas y programas para hacer frente al problema del empleo de este grupo. Las políticas y programas abarcaban desde políticas macroeconómicas y marcos reglamentarios para aumentar la tasa de crecimiento del empleo, hasta políticas de mercado de trabajo e intervenciones específicas orientadas a grupos de jóvenes desfavorecidos.

 

En junio de 2012, la Conferencia realizó una discusión general sobre la base del informe La crisis del empleo de los jóvenes: ¡Actuemos ya! y adoptó un conjunto de conclusiones que complementan, y en muchos casos hacen operativa, la resolución aprobada en 2005. Gran parte de los países de América Latina y el Caribe vienen desarrollando políticas de promoción del trabajo decente para la juventud con el fin de hacer frente a los particulares desafíos del empleo juvenil. De esa vasta experiencia, se puede concluir que no existen soluciones simples y masivas para este problema, sino que se requieren intervenciones diversas. De igual modo, puede afirmarse la existencia de un consenso regional sobre la importancia de este tema. Existe, además, un acuerdo común en advertir que las intervenciones fragmentadas y aisladas no van a lograr por sí solas el objetivo del trabajo decente para los jóvenes. A su vez, los temas relativos al empleo juvenil se están integrando, en algunos casos, en los planes nacionales de desarrollo, en los programas de trabajo decente, en los planes sectoriales de los ministerios de trabajo. Varios países han elaborado y/o están pendientes de aprobar sus respectivos planes de acción nacional en empleo juvenil (PAN). Este conjunto de

intervenciones garantizan que en el corto, mediano y largo plazo, se desarrollarán acciones orientadas a hacer frente al reto del empleo de los jóvenes. Muchos de los programas que se vienen creando recogen la experiencia acumulada en programas anteriores y pretenden lograr un cambio estructural en las políticas de empleo para jóvenes.Como indicábamos anteriormente, están siendo muchas y variadas las respuestas que los gobiernos de América Latina están impulsando en materia de empleo juvenil. Estas se concentran en: i) Programas de segunda oportunidad: inserción educativa. Empleabilidad, transición de la escuela al trabajo; ii) Programas de capacitación laboral; iii) Micoremprendimientos y trabajo por cuenta propia; iv) Legislación específica, y v) Diálogo social y participación juvenil.

 

 

El rostro joven de América Latina

El continente americano es conocido como el continente joven, y América Latina lo es más todavía. Las proyecciones demográficas indican que de los 599 millones con los que cuenta el subcontinente para el año 2013, el 69% son personas menores de 40 años2. En 1950, Latinoamérica contaba con 162 millones de habitantes y, de ellos, el 79% eran menores de 40 años. Hacia el 2050 estas proporciones habrán cambiado y la población total seria ya de unos 734 millones según las previsiones, pero solamente el 49 por ciento será menor de 40 años. Hay que destacar el crecimiento de la población en la región, dado que de 1950 al 2050 ésta se

habría multiplicado aproximadamente en seis veces y la esperanza de vida pasará de los 52 a los 81 años, lo que requerirá un enorme esfuerzo productivo relacionado con la necesidad de una mayor protección social para enfrentar este reto que asumirán principalmente los actuales jóvenes.

 

Resumen

Jacqueline Fowks, El País, es  on  line, 14.02.2014 

 

 

Uno de cada dos jóvenes que trabajan en América Latina no tiene un contrato escrito. Solo el 48% de los latinoamericanos tiene un empleo formal, menos que el 61% de los adultos que sí lo tienen, según un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Un joven empleado de un callcenter de Lima afirma que hay un aumento de servicios externalizados de empresas de España, Chile y EE UU en la capital peruana. “Las condiciones laborales son precarias en contratos y salarios, muchos no pagan los bonos y sueldos establecidos, y como la mayoría trabaja allí para pagar sus estudios, no tienen conciencia de sus derechos”.

 

Durante la presentación del informe Trabajo decente y juventud en América Latina’, la directora regional de la OIT, Elizabeth Tinoco, afirmó que los jóvenes de 15 a 24 años son los más afectados por el desempleo y por la precariedad del empleo.

 

De 108 millones de jóvenes latinoamericanos, poco más de la mitad, 56,1 millones están ocupados o buscan empleo, y un 13,9% busca y no lo consigue, es decir, 7,8 millones. “La tasa triplica el desempleo adulto: tres jóvenes por cada adulto no tiene empleo”, precisó.

 

Desde la última medición, en 2005, el desempleo de este grupo de población se redujo de 16,4% a 13,9% -en 2011- en un contexto de crecimiento económico, “pero esta tasa continúa siendo el doble de la tasa general”, dice el informe.

 

El reporte indica que cerca de 27 millones de jóvenes son trabajadores informales, es decir, un 55,6% de los ocupados jóvenes está afectado por inestabilidad laboral y carencia de derechos, sea en el sector informal, en empresas formales o en hogares en trabajo doméstico.

 

“Seis de cada diez solo consigue empleo por cuenta propia: no tienen contrato formal, no tienen garantías, protección, ni perspectivas de mejorar su situación laboral”, describió la funcionaria. Solo un 37% cotiza al seguro de salud y un 29,4% al sistema de pensiones.

 

“Hoy tenemos a los jóvenes mejor educados de América Latina y con la mayor informalidad y desempleo en la historia de la región. Las políticas de crecimiento económico no han logrado cerrar estas brechas”, enfatizó Tinoco.

 

El reporte, que toma los datos de encuestas nacionales de hogares de 2005 a 2011 de 18 países, registra además que el desempleo juvenil es mayor en los sectores pobres: afecta al 25%.

 

Tinoco dijo que “el elevado porcentaje de jóvenes que no estudian, ni trabajan, ni se ocupan de las tareas del hogar, especialmente en los sectores menos favorecidos, debería ser una preocupación central de los gobiernos pues están en riesgo de exclusión social”.

 

En la región, 21,8 millones de jóvenes no estudian ni trabajan (20.3% de los jóvenes en edad de trabajar) denominados ‘ni-nis’, aunque de ellos, 12 millones se dedican a quehaceres domésticos. La representante del organismo enfatizó que un 70% de quienes no estudian ni trabajan son mujeres jóvenes.

 

El informe dice que “del total de ni-nis, el 24% busca empleo, cerca de 4,6 millones, lo que representa el 69,6% de desempleados jóvenes”. Pese a estos indicadores, el documento registra un incremento de 32,9% (en 2005) a 34,5% (en 2011) en el porcentaje de jóvenes latinoamericanos que solo estudian.

Las cifras por países

 

Entre los indicadores más resaltantes por país, destacan Bolivia con el mayor porcentaje de jóvenes en empleo informal (87,4% con datos de 2009) o Perú (84,7% con datos de 2011). En Honduras se registra el más alto porcentaje de jóvenes que no estudian ni trabajan (27,5%) seguido de Guatemala (25,1%), El Salvador (24,2%) y Colombia (23,4%). El menor porcentaje de ni-nis lo tiene Bolivia: con un 12,7%.

 

El estudio incluye además una síntesis de experiencias destacadas de promoción del empleo juvenil en Argentina, Brasil, Costa Rica, Colombia, El Salvador y Perú, entre otros. La OIT ha lanzado la plataforma en línea YouthPol que documenta planes y políticas de trabajo decente para los jóvenes latinoamericanos

 

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