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La solidaridad en la solidaridad

La solidaridad en la solidaridad

Ramiro Acosta Cerón, Dr,en Derecho, Profesor universitario, Quito, Ecuador

Así, con este título puedo resumir la esencia del libro –en dos tomos- Solidaridad y Transformación del Sistema Global del ilustre tratadista argentino Rodolfo Capón Filas 1). Obra publicada por M Ediciones, Buenos Aires, Argentina, diciembre del 2012; es decir, una obra fresca.

 

 Como bien apunta la prologuista, la filósofa Dra. María Laura Picón, esta obra: (…) “Lejos de estar en presencia de un compendio de derecho, política, economía, sociología, filosofía o religión –a lo que yo añadiría: ética, antropología, historia, geografía y literatura- , la presente obra integra todos estos factores para formular una invitación. ¿Invitación a qué? A la reflexión para la acción…”

 

Hace tiempo en un artículo de mi autoría intitulado: Solidaridad, paradigma de los pobres, publicado en la revista científica Equipo Federal del Trabajo, revista electrónica argentina, en su No. 70, sostenía, entre otros aspectos, que lamentablemente la solidaridad no es un aspecto genético –como el instinto gregario- , porque de serlo, la humanidad no viviera en las condiciones que vive: desigualdad, discriminación; un alto porcentaje de la población se debate entre la miseria y la pobreza; creciente desempleo estructural y coyuntural, con todas las secuelas que ello implica.Y es que la conciencia –sobre sí mismo, lo interno y externo- se produce o la produce la mente y a ésta el cerebro humano como lo demuestra la ciencia de la medicina neurológica, según afirmación del neurocientífico Antonio Damasio en su obra: Y el cerebro creó al hombre 2)

 

El profesor Capón Filas es ante todo un ser idealista, valiente, positivo, que cree en forma persistente que el mundo global puede cambiar, transformarse positivamente si poco a poco ya en lo personal, en lo grupal, en la sociedad y en lo global se produce una conciencia solidaria que posibilite equidad, justicia social, libertad; pero es claro, aquello no se producirá con pasividad, indiferencia, apatía e inacción.

 

Hay varios ejes temáticos que aborda en su obra, algunos de los cuales nos referiremos más adelante, pero entre ellos figuran dos para la ciencia del Derecho: su famosa fórmula mencionada en su Teoría Sistémica del derecho Social que señala que: D= r+v+n+ct. Esto es,  Derecho equivale a realidad más valores más norma y más conducta transformadora (esto último para que no se anquilose o petrifique ), fórmula válida para todos los sistemas jurídicos. El segundo es  sobre el Bien Común, cuando expresa: es un concepto socio-laboral expresado en el orden público en sus cuatro elementos: social, cultural, político y económico, siendo los dos primeros fundantes y los dos últimos instrumentales. Este tema es ampliamente desarrollado en el Capítulo VI de la obra.

 

Al tratar acerca del ejercicio de la solidaridad el autor nos advierte que se despliega en tres vertientes éticas: ético personal, ético comunitaria o cultural y ético política (pàg. 34) para explicarla: (…) “Ante todo se trata de la inter-dependencia, percibida como sistema determinante de relaciones en el mundo actual, en sus aspectos económico, cultural, político y religioso, y asumida como categoría moral.- Cuando la inter-dependencia es reconocida así, su correspondiente respuesta, como actitud moral y social, y como virtud, es la solidaridad. Esta no es , pues, un sentimiento superficial por los males de tantas personas, cercanas o lejanas. Al contrario, es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos…”(pags. 37 y 38)

 

En el subtema Construcción de la democracia planetaria , indica: “Construir la democracia global significa colocar al hombre concreto en el centro del sistema y subordinar el elemento económico y el político a los motivos sociales y culturales…”(pág.36)

 

En el Capítulo IV analiza Los movimientos de solidaridad, y merece especial atención a sus funciones: organizar la resistencia, activar la esperanza y comprometerse en la conducta transformadora, soportándose en el Derecho Internacional de los derechos Humanos (págs.75 a la 112).

 

La Solidaridad y ecosistema es tratada in extenso en el Capítulo V y aquí afirma: (…) “La ética ambiental  exige igualdad, respeto a la naturaleza y una sociedad post-industria”, desarrollando cada uno de estos elementos (págs.117) Habla de la necesidad de promover la justicia ambiental y estructurar el principio de prevención, apoyándose analíticamente en el contenido del instrumento internacional La Carta de la Tierra con sus antecedentes normativos y su visión prospectiva (pags.118 a la 161)

 

En el Capítulo VI “Solidaridad y Sociosistema” aborda con amplitud los temas de los derechos humanos, los valores. Acerca de los derechos humanos internacionalmente reconocidos, da un enfoque distinto al ya tradicional análisis y ubicación por generaciones, clasificándolos en: derechos condicionantes; derechos civiles y culturales; derechos sociales y económicos; derechos políticos; derechos de incidencia colectiva; y, derechos especialmente protegidos. Y hablando de derechos humanos, estimo necesario insistir y relievar que no son dádiva de ningún estado peor gobierno, que éstos deben respetar y garantizar su respeto y eficacia en el goce de aquellos, porque son consustanciales a la persona humana desde su concepción.

 

Además, el autor enfatiza los derechos culturales, desarrollándolos en el capítulo VII Solidaridad y Cultura; describiendo tanto derechos como deberes culturales, incluido el derecho humano –como también deber- a la paz, definiéndola(…)” Más allá de la ausencia de conflicto armado, se vincula al desarrollo económico, social y cultural de los pueblos como condición para la satisfacción de las necesidades básicas de los seres humanos, a la eliminación de todo tipo de violencia, así como al respeto efectivo de todos los derechos humanos…”(pág 251).

 

En el capítulo VIII trata del “Contenido de los derechos sociales”, entre ellos: al trabajo digno, a la entidad sindical digna, a la negociación sectorial, el derecho a la participación (en la empresa o entidad empleadora), el derecho a la huelga; el derecho a la seguridad social. Sobre el primero, esto es, sobre el derecho al trabajo digno, recoge el criterio de la OIT sobre el trabajo decente obtenido en condiciones de libertad, equidad, seguridad y dignidad humana; y lo amplifica como un “paradigma de trabajo libre, productivo y seguro, en el que se respeten los derechos laborales, se logren ingresos adecuados, dentro de un marco de protección social, diálogo social, libertad sindical, negociación colectiva y participación…”(pág.12 del 2do volumen). Desarrolla cada uno de los derechos enunciados y de sus elementos constitutivos o caracterizaciones, acude a citas estadísticas, normas internacionales pertinentes de la OIT y a importante jurisprudencia argentina sobre la materia.

 

El capítulo IX intitulado, sugerentemente, “Solidaridad e hipoteca social sobre la propiedad” expone sobre la propiedad privada: las normas internacionales; la interpretación colectiva; el sentido de la propiedad privada y sus obstáculos, destacando entre ellos a la “Des-apropiación a los Pueblos Originarios”. Más adelante refiere al derecho a ejercer actividades económicas pero apuntando al bien común, y criticando arteramente al sentido global de los bienes enraizado en la absolutización de la propiedad privada y la absolutización del poder; y como contrapartida positiva el título de este capítulo extraído de una frase de Juan Pablo II en la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en 1988 al decir: “Sobre toda propiedad privada grava una hipoteca social. Este principio fructificará en una distribución más justa y equitativa de los bienes, no sólo en el interior de cada nación, sino también en el mundo internacional en general, evitando que los países más fuertes uses su poder en detrimento de los más débiles” (pág.165).

 

El capítulo X “Solidaridad y ciudadanía planetaria”, luego de reseñar los diferentes procesos de integración de naciones y estados que se han producido emprende  su avizoramiento a la ciudadanía planetaria, para lo cual, dice, hay que activar el sentido democrático de la ciudadanía nacional; sentirse parte del cosmos, pensar y sentir globalmente pero actuando localmente –interpreto, desde nuestro lugar, desde nuestro sitio, desde nuestra posición o condición, al final y como versa el poeta español Machado “Caminante no hay camino, se hace camino al andar…” -; organizar entidades globales y actuar en consonancia; complementar la ciudadanía nacional con la global.

 

En el capítulo XI “Construir el orden social justo” que el autor lo concluye reconociendo y aceptando que es una UTOPÍA pero que es posible construir (…)” en el que sea posible para todos vivir y morir con dignidad” (¨pag, 239). Para tal conclusión teoriza sobre una concertación económico-social, una negociación colectiva transnacional y adopción de medidas de acción directa, asimismo, transnacionales, y como órganos internacionales de justicia: la Corte Internacional de la Haya,  la Cortte Penal Internacional, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la Corte Intera mericana de Derechos Humanos, el Tribunal Permanente de Revisión del Mercosur  -de mi parte añadiría el Tribunal de Justicia de la Comunidad Andina, ente de integración subregional venido a menos en esto últimos años por falta de voluntad política de sus estados miembros y por otros aspectos de carácter ideopolítico y geopolítico-; órganos de la OIT.

 

En el último capítulo el autor da un salto al micro y macrocosmos, supera la utopía de la construcción de un orden social justo, para interiorizarse y exteriorizarse hacia lo místico, lo religioso, lo divino, y traspasar aquel orden por uno superior en este mismo planeta , el Orden Social Fraterno.

  

Finalizo exponiendo algunas ideas:

-       Insisto que la solidaridad se gesta en la conciencia del ser humano.

-       La solidaridad  generalmente nace o proviene de una necesidad o como anticipación a una necesidad similar o común.

-       Sus resultados, efectos o impactos son positivos, ya para mitigar, ya para reivindicar, ya para transformar.

-       Ejemplos de solidaridad a través de los tiempos, existen y variados. He aquí algunos de ellos. La organización sindical, bajo cualquier denominación –en mi opinión sostenida desde la década de los años 90- responde y representa una triple solidaridad: solidaridad humana, por sus integrantes; solidaridad ética, por cuanto sus miembros persiguen objetivos legítimos y defienden valores, los que se hallas plasmados e en sus normas internas, estatutos y reglamento, incluido el régimen disciplinario; y, solidaridad activa, en la implementación de medios, programas, métodos y reivindicación y defensa de sus derechos, a través de la contratación colectiva, diálogo social y la huelga.3). La concepción óntica de la no violencia activa como forma de lucha anticolonialista inglesa, liderada  en el India por el Mahatma Ghandi. Las luchas contra la discriminación racial, y contra el apartheid, lideradas en Estados Unidos de Norteamérica y Sudáfrica, respectivamente, por Martín Luther King y Nelson Mandela. Y finalmente,  en unas partes lucha dramática, en otras menos, pero persistente, la conciencia ambiental y solidaridad en defensa del planeta en que vivimos, La Tierra.

 

Por lo mismo, la teoría del Profesor Capón Filas de la solidaridad por un orden social justo, es factible y, en consecuencia, cuando una utopía es factible, deja de ser utopía y se convierte en eutopía.

 

 
 

 

Notas:

1) No obstante que en nuestro medio docente universitario el Dr.Capón Filas no es desconocido, quien desee saber acerca de la trayectoria de vida, sus obras y criterios jurisprudenciales cuando magistrado de la Sala Laboral de la Cämara Nacional de Apelaciones de Argentina, puede recurrir en Google a Rodolfo Capón Filas.

2) Damasio, Antonio; Y el cerebro creó al hombre; traducción de Ferran Meler Orti; Ediciones Destino; Imago Mundi, Volumen 182, Barcelona, España 2010. Sobre el tema específico de la conciencia, págs. 20, 29, 38, 44, 45, 429, 430, 431.

3) Acosta Cerón, Ramiro; Derecho Constitucional Laboral, Quito, julio 2009; págs. 70 y 71, cita 33

 

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