Encabezado eft
El Derecho del Trabajo y el Capitalismo

El derecho del trabajo y el capitalismo
Héctor-Hugo Barbagelata1
Profesor Emérito de la Facultad de Derecho de la Universidad de la República. Redactor, fundador y Director actual de la revista Derecho Laboral.
Sumario:
I. Introducción. II. La cuestión social, el capitalismo y el derecho
tradicional. III. Enfrentamiento del Derecho del Trabajo con el Capitalismo.
IV. Consideraciones finales.
RESUMEN
Al examinar las múltiples relaciones del Derecho del Trabajo con el Capitalismo surge el interés por indagar si ese Derecho posee una dimensión propia. Con tal propósito, a partir de una definición del Capitalismo, de sus consecuencias sociales y de su relación histórica con el derecho tradicional, se consideran las características del nuevo derecho, así como las funciones que vino a cumplir.
Varios laboralistas han prestado atención a las relaciones del Derecho del Trabajo con el capitalismo, pero no siempre se ha tenido claro que este derecho no era un simple producto de dicho régimen, sino su más serio enemigo. Más adelante, se comprendió que el Derecho del Trabajo integraba el cuadro de los Derechos Humanos Fundamentales, con todas sus consecuencias, lo que ha cambiado el enfoque de estas cuestiones.
I. INTRODUCCIÓN
1. Son numerosos los laboralistas que consideran al Derecho del Trabajo un producto o una consecuencia del Capitalismo. En ese entendido, este derecho no se habría propuesto afectar el régimen en que está instalado, sino simplemente habría procurado proteger a los trabajadores asalariados de posibles abusos de algunos capitalistas-empresarios-empleadores.
Es frecuente también que se ponga de relieve que el Derecho del Trabajo posee ciertaambivalencia y que no solo beneficia a los trabajadores sino que, en parte, beneficia también a los empleadores 2. Hay quienes llegan más lejos y ven a
este Derecho cubriendo una necesidad del Capitalismo para su funcionamiento regular. Sin embargo, da qué pensar el hecho de que la mayoría de los empresarios, así como los economistas neoliberales y allegados, reclaman la desaparición, o al menos una profunda reducción del campo y los efectos del Derecho del Trabajo.
En el otro extremo, hay quienes sostienen que los pregonados beneficios
para los trabajadores del Derecho del Trabajo, representan un engaño, porque
este derecho ofrecería una aparente protección con el propósito de asegurar
la continuidad del Capitalismo, neutralizando las transformaciones revolucionarias
que la sociedad estaría reclamando 3.
Asimismo, para algunos laboralistas, el Derecho del Trabajo, sería solamente
una parte o un engranaje del Sistema Capitalista, por lo que resultaría
más apropiado denominarlo Derecho Capitalista del Trabajo.
2. Que el Derecho del Trabajo está implantado en regímenes capitalistas,
que históricamente surgió y se desarrolló de modo dialéctico dentro de ellos y
que los cambios operados en el Capitalismo han tenido una significativa influencia
sobre sus transformaciones, son afirmaciones que nadie podría negar.
Sin embargo, es posible que actualmente corresponda indagar si este
derecho posee una identidad propia o dicho de otro modo, si el Derecho del
Trabajo puede ser considerado al margen del Capitalismo o sea, válido y vigente
en si mismo, con todas las consecuencias que de eso se derivan.
Es a lo que, haciendo un rodeo, se tratará de llegar en los párrafos siguientes.
II. LA CUESTIÓN SOCIAL, EL CAPITALISMO
Y EL DERECHO TRADICIONAL
3. Son varias las definiciones del Capitalismo que los especialistas han
propuesto. Sin embargo, no siempre en ellas queda de manifiesto una condición
previa para que el Capitalismo haya podido implantarse, o sea el pleno
reconocimiento jurídico de la libertad de la propiedad privada, con todos los
atributos que viniendo del Derecho Romano, fueron recibidos por los Códigos
Civiles y constan en la propia base de dicho régimen.
Con esta aclaración, resultan satisfactorias y funcionales para el tema
que se está desarrollando, aquellas definiciones del Capitalismo que lo identifican
como el sistema económico en el cual los representantes del factor Capital
detentan la autoridad en la dirección de las empresas económicas, dominando
a los representantes de los otros factores de la producción 4.
Desde el punto de vista individual, la dominación del factor capital en el
sistema Capitalista, otorga a los empresarios el derecho de aspirar al provecho
del emprendimiento, así como a la explotación del factor trabajo y a una plena
libertad de iniciativa y en la fijación de las condiciones de trabajo y de producción.
4. El sistema Capitalista pasó por diferentes etapas, a partir de la Revolución
Industrial en Inglaterra, alcanzando su pleno desarrollo en diversos tiempos,
según las regiones y países. A medida que esto acontecía, fueron también
haciéndose evidentes sus consecuencias sociales negativas, en particular la
situación de miseria de los trabajadores, especialmente de los obreros de la
industria.
El respaldo que proporcionaron al desarrollo del Capitalismo, tanto el
derecho consuetudinario bajo la llamada Ley del amo y el servidor, como los
códigos civiles y la legislación represiva del movimiento sindical, fueron complementarios

de la protección del derecho de propiedad. O sea, que ésta, era
salvaguardada por el régimen de los bienes, obligaciones y contratos de los
códigos civiles, bajo los que se producía el trabajo, en el marco de una ficticia
igualdad de las partes. Por lo demás, esa supuesta igualdad en un contrato,
que ya comenzaba a llamarse de trabajo, era clamorosamente desmentida por
un artículo que venía del Código Civil francés 5 y que varios otros códigos,
como el italiano reprodujeron 6, el cual entre otras cosas, reputaba creíble y
daba valor probatorio a la palabra del patrón o dueño (maître) por sobre la del
obrero asalariado. Asimismo, los tribunales superiores, con el respaldo de la
doctrina civilista, se encargaron de impedir, con interpretaciones capciosas, el
aprovechamiento por los defensores de los trabajadores, de las causales establecidas en el Código

en materia de vicios del consentimiento. La doctrina de
esa época sostenía además, que el contrato de trabajo amparaba una interpretación amplia

de su alcance y por esa vía, se atribuía un dilatado campo al ius variandi y se aceptaba que, a través de un presunto común acuerdo, pudiera
rebajarse el salario fijado anteriormente.
5.Las normas consuetudinarias y la legislación de las primeras etapas
del Capitalismo -al margen de unas débiles medidas de protección de los niños
pequeños y las mujeres, no siempre debidamente controladas y cumplidas apuntaban al mantenimiento y aún al aumento de la situación de postergación
social en que se encontraban los trabajadores. Ejemplo de lo cual, es la libreta
del obrero 7, método de control personal, que se propagó por todo el mundo 8 y
se mantuvo, como condición para trabajar y como impedimento para abandonar
un empleo si no se había dado entero cumplimiento al contrato de trabajo
anterior, lo cual abría la posibilidad de recurrir a la policía para hacer efectivas
esas obligaciones. No puede omitirse tampoco la mención del pleno reconocimiento
y efectos que tenía el Reglamento de taller, unilateralmente elaborado
y aplicado por los empleadores, al que quedaban automáticamente incorporadas
todas las órdenes del empleador, desde el momento de su comunicación a
los trabajadores. En suma, el contrato daba pie, no sólo para dirigir las actividades
de la empresa y para dictar las normas de su organización, sino también,
para aplicarlas y sancionar a los infractores.
A todo lo cual, hay que agregar la situación de indefensión en que se
encontraban los trabajadores, desde el momento que las leyes de casi todos
los países, les impedían, bajo severas penas, realizar colectivamente acciones
en defensa de sus intereses comunes y concretamente coligarse y constituir
organizaciones gremiales.
6. Los abusos y las injusticias del sistema no pasaron inadvertidos para
algunos contemporáneos, que desde la mitad del siglo XIX las fueron poniendo
en evidencia, calificando el problema como Cuestión de los trabajadores
(Michel Chevalier, 1848), Cuestión obrera (Lujo Brentano, Paris, 1855) o
Cuestión social, (Concepción Arenal, Madrid 1895) 9.
Son varias las corrientes que fueron creando las condiciones que hicieron
posible que la sociedad comenzara a reaccionar frente a tales injusticias.
En una síntesis de ellas, cabe identificar por lo menos tres vertientes, a saber:
las investigaciones, las denuncias y las acciones de los activistas y agitadores.
7. Entre las investigaciones que se llevaron adelante, bajo los auspicios
de diversas instituciones académicas, hay acuerdo en considerar como una de
las más completas la encuesta que realizó, el Dr. Louis René Villermé de 1837
a 1840 10, en una de las regiones industrializadas de Francia, especializada en
textiles. Ésta y otras investigaciones concordantes, mostraron no solo el grado
de miseria de los obreros, sino también el hecho de que esa realidad comenzaba
a despertar la preocupación de no pocas personas, así como de
algunas instituciones. Lo cual no excluye que muchas veces los mismos autores
de esas investigaciones procuraran minimizar el fenómeno, buscándole
concausas, entre las que se mencionaban como muy importantes, los desórdenes
de conducta de los propios obreros. Asimismo, algunos investigadores
trataban de neutralizar el efecto que producía la descripción de las pésimas
condiciones que se presentaban, aclarando a continuación, que no había que
olvidar que las cosas estaban mejorando 11.
8. Hubo denuncias públicas sobre las terribles condiciones laborales y de
vida de los trabajadores a todo lo largo del siglo XIX y comienzos del XX, en
ensayos y obras de ficción, en la dramaturgia, en las canciones populares y
acompañando alegatos reivindicatorios.
Entre los primeros ensayos con este propósito, corresponde incluir los
producidos por escritores de orientación filantrópica, como Bigot de Morangues,
quien en 1834 publicó un libro sobre La miseria de los obreros. También cabe
mencionar una abundante literatura que contiene referencias a la situación
imperante en la época, incluyendo, deliberadamente o no, verdaderas denuncias.
Hay que recordar a ese respecto, autores considerados hoy entre los
clásicos de la literatura universal, algunos de cuyos escritos se publicaron en
diarios y periódicos en forma de folletín y alcanzaron a una enorme cantidad
de lectores de todas las clases sociales. Fue el caso, entre otras muchas, de
obras de Víctor Hugo (1802-1885) 12, Charles Dickens (1812- 1870) y Émile
Zola (1840-1902). En la región del Plata, el tema social se fue introduciendo
desde principios del siglo XX, en los sainetes, que llenaban las salas de teatro
de Buenos Aires, Rosario y Montevideo, como fue el caso de “Los Disfrazados”
de Carlos M. Pacheco, en que hay referencias a la actividad de los sindicatos,
y “La Pobre Gente” de Florencio Sánchez, que desnudaba las miserias
del trabajo a domicilio, incluido el abuso que hoy se conoce como “acoso
sexual”.
Es necesario mencionar también a los poetas y músicos que crearon
textos y canciones de exaltación de la unidad proletaria, como La Internacional,
y de protesta, como la Canción de los Canutos, que expresaba la ira y la
voluntad de lucha de los obreros de Lyon durante la huelga tornada en insurrección, de noviembre-diciembre de 1831, que al igual que el alzamiento de
1834, fue aplastada por una despiadada represión 13.
Hay motivos para suponer que las evidencias resultantes de las encuestas,
así como las denuncias, contribuyeron a propiciar el clima que facilitó la
acción de los sindicalistas y la sanción de leyes dirigidas a hacer cesar los
mayores abusos, entre los cuales el trabajo infantil y las consecuencias de los
accidentes de trabajo.
9. Los activistas y agitadores, conforman un tercer grupo, constituido
por aquellos que, además de efectuar denuncias, se aplicaron a reclamar respuestas positivas a la cuestión social, como fue el caso emblemático de Flora
Tristan (1803-1844), la cual participó directamente en las luchas por el mejoramiento de las condiciones de vida y de trabajo, con especial preocupación
por la situación de las mujeres. Entre varias manifestaciones de su accionar,
se cuentan sus recorridos por Francia denunciando los abusos en las condiciones
de trabajo y promoviendo la igualdad entre los sexos. Asimismo, con
una visión general de la situación, Flora Tristan predicaba sobre posibles formas
de superar el estado social imperante. Con ese afán publicó “Peregrinaje
de una paria” en 1838 y más tarde, un escrito de aliento y promoción de la
unidad de los trabajadores, que tenía un propósito análogo al del Manifiesto
Comunista que redactaron y difundieron, pocos años más tarde, Marx y Engels
con enorme y justificada repercusión.
Desde luego, en esta categoría hay que ubicar aquellos activistas que en
muchas regiones, con grandes sacrificios y riesgo de vida, encabezaron las
primeras luchas por el mejoramiento de las condiciones de trabajo, contribuyendo
a la formación de coaliciones y a la constitución de sindicatos 14. Tales
activistas eran seguidos por contingentes de trabajadores, que comprometían
permanentemente el sustento propio y el de sus familias, así como su libertad
y seguridad, al declararse en huelga y ejecutar las medidas de acción directa
concertadas, o simplemente apoyaban o adherían a las nuevas organizaciones.
10. Sin perjuicio de la peculiaridad de los medios empleados y los objetivos
perseguidos, también debe incluirse en este grupo a los luddistas (seguidores
del tejedor Ludd) que en los primeros años del siglo XIX exigían en
varios países de Europa, por medios generalmente violentos y violentamente
reprimidos, que no se emplearan las máquinas que estaban causando una muy
grande pérdida de puestos de trabajo 15.
11. También en una línea crítica aunque muy diferente, estaban los que
en sus publicaciones reconocían que la sociedad de su tiempo estaba mal
organizada, pero pugnaban por reconstituirla reconstruyendo el antiguo régimen,
ignorando los cambios experimentados y olvidando las terribles injusticias,
abusos y privaciones que había padecido la mayoría de la gente en los
períodos anteriores. El ejemplo más notorio de esta posición lo proporcionan
Josef de Maistre y Louis de Bonald, que en aquellos momentos pregonaban el
retorno a los viejos tiempos.
El economista suizo Leonard Sismondi de Sismondi también dirigía su
mirada hacia el pasado, pero con otra intención. En efecto, sostenía que debería
suprimirse el régimen del asalariado en el que los empleadores tenían total
libertad para remunerar a su conveniencia el trabajo prestado y en su lugar,
restablecer las reglamentaciones profesionales en las que el trabajo estaba
regulado en todos sus aspectos.
III. ENFRENTAMIENTO DEL DERECHO DEL TRABAJO
CON EL CAPITALISMO
12. A esta altura de los desarrollos históricos del tema, resulta evidente
que a pesar de las reacciones adversas que había provocado el Capitalismo,
desde el siglo XVIII, a lo largo del siglo XIX y comienzos del XX, el derecho
tradicional seguía funcionando como un instrumento al servicio de ese régimen.
En suma, como afirmaba Sinzheimer, se continuaba viviendo la plena
supremacía de un derecho de dominación 16.
Por consiguiente, para que las cosas cambiaran o comenzaran a cambiar,
era preciso que surgiera y se aplicara un derecho que con otra inspiración,
tratara de reducir el espacio que ocupaba el derecho preexistente.. Sobre
el particular, Gustavo Radbruch dejaba en claro las cosas, cuando afirmaba
que “el derecho obrero era una reacción contra el espíritu del derecho civil”,
y concluía señalando que ese nuevo derecho “no solamente reposaba sobre
una modificación estructural del pensamiento jurídico, sino fundamentalmente
sobre una nueva consideración del hombre”17.
13. En un principio, ese derecho distinto, iba surgiendo al margen del
Estado, por la acción de las coaliciones y los sindicatos que creaban los primeros
acuerdos colectivos, pero ese estadio era muy incompleto, casuístico
y de alcance limitado. Algo después, sería el legislador el que homologaría las
normas profesionales o establecería, por su propia iniciativa, leyes en la materia
laboral, las cuales cuestionaban cada vez con mayor intensidad, las potestades
patronales que derivaban del régimen Capitalista.
14. Por consiguiente, el nuevo derecho no operaba a favor del Capitalismo,
sino que trataba de reducir en las empresas, el poder de los titulares del
capital. Una tal situación puede calificarse como de enfrentamiento del Derecho
del Trabajo con el sistema capitalista, aunque como advertía Emilio Frugoni,
por esta vía no se pretendía sustituirlo, que era en cambio el objetivo final de
los movimientos socialistas 18. De donde, aunque dicho régimen fue encontrando
el modo de convivir con ese nuevo derecho y aunque los teóricos del
Capitalismo hayan podido presentar las nuevas normas como un modo de
legitimación de su poder, es indudable que el Derecho del Trabajo (incluidas
las normas de Seguridad Social) le estaba imponiendo limitaciones, al régimen
capitalista, con las que éste no se conformaba y de las que toda vez que podía,
trataba de librarse 19.
15. Si se miran estas cuestiones desde otro ángulo, y se practica, algo
así como una radiografía de los vínculos existentes entre ambas partes de la
organización del trabajo, lo que se advierte es que las correspondientes relaciones,
como las de todas las organizaciones, aunque tal vez aquí con más
acritud, están caracterizadas por un conflicto permanente con las respectivas
autoridades.
El conflicto que atraviesa dichas relaciones laborales colectivas, así como
las individuales, es el que se acostumbra a calificar como conflicto industrial,
calificativo que desbordando su tenor literal abarca, como dice Gino Giugni:
“todas las hipótesis de conflicto con la autoridad de la organización del trabajo,
con independencia del hecho de que la organización en cuestión constituya
una expresión de la propiedad dentro del sistema capitalista” 20. Lo cual, equivale
a dejar establecido que el conflicto que genera el ejercicio de tal autoridad
y la sujeción que implica, afecta todas las relaciones laborales, al margen de
las características del régimen de gestión de la respectiva organización.
16. Muy pronto se vio que este derecho naciente no podía ser entendido
si no se tomaba en cuenta la relación de poder que envuelve los intercambios
laborales. Esta idea, que ya había puesto en evidencia Sinzheimer 21,

fue destacada por Otto Kahn-Freund 22, y reafirmada por Giugni, cuando señala que
ningún asunto del ámbito laboral “puede ser separado del problema que subyace
en él, así como de las relaciones de poder en la empresa” 23.
Es decir que, tanto en los casos en que el Derecho del Trabajo impone a
los empleadores nuevas condiciones de trabajo, como cuando regula los poderes
de la empresa, está socavando las bases del sistema Capitalista, pues
conforme a su definición, éste, en su forma pura, es un sistema en el cual el
Capital, al dominar a los otros factores de la producción, ejerce, sin interferencias,
la autoridad en las empresas. Al hacerse estas aseveraciones no se
está diciendo nada nuevo, pues hace tiempo que los historiadores de los procesos
económicos reconocieron que la creciente intervención del Estado y la
presión del movimiento sindical, en muchas partes del mundo, eran las causantes
de la decadencia del Capitalismo 24.
17. Contemplando la situación desde otro ángulo, hay que resaltar que
está universalmente aceptado que el Derecho del Trabajo cobija un importante
segmento del catálogo de los derechos humanos fundamentales y por consiguiente
quedan rotas todas las ataduras a un sistema económico determinado.
Es decir, que se reubica este derecho en una esfera donde la regulación del
trabajo no tiene que ver con una hipótesis de protección contra abusos, sino
con el respeto a la dignidad de la persona humana en su trabajo, con todas sus
consecuencias, como ya lo aseveraban los primeros intérpretes de la declaración
de fines y objetivos que figura en la Constitución de la OIT.
De donde, el Derecho del Trabajo no puede ser, como es característico
de otros derechos, un mero conservador de la situación existente, sino que
debe estar permanentemente abierto a los cambios; más aun, debe convertirse
en promotor de la superación de los logros ya alcanzados, teniendo en vista la
necesidad de un constante mejoramiento del nivel preexistente para la
dignificación del trabajo y del trabajador, Por consiguiente, en el ámbito de
este derecho -y es otro de sus particularismos- la seguridad jurídica deja de
ser un valor absoluto.
18. Por añadidura, debe admitirse que el campo del Derecho Laboral
aplicado a la tutela del trabajo como derecho fundamental, es mucho más
amplio que el cubierto exclusivamente por el trabajo subordinado en la actividad
privada, que fue el originalmente contemplado. Por lo tanto, no pueden
caber dudas en cuanto a que debe amparar, todas las manifestaciones del
trabajo y su entorno, como por ejemplo la regulación del medioambiente laboral,
la protección de los trabajadores por cuenta propia, de los cooperativistas,
de los artistas, de los deportistas, de los que no reciben remuneración o la
reciben de modo diferente 25 y en general de todas las formas en que puede
producirse el trabajo humano 26.
19. Asimismo, desde el momento que se trata de un derecho humano
fundamental, sus fuentes integran lo que da en llamarse el Bloque de Constitucionalidad,

que, a su vez, debe ajustarse a los criterios de interpretación
propios del mismo. En ese sentido, todo el Derecho del Trabajo está dotado de
superlegalidad y queda sujeto a los principios del sistema, a saber: A) El fundado
en las condiciones del Estado Social de Derecho; B) El de complementariedad
e interdependencia de todas las normas sobre derechos humanos;

C) El que sostiene la primacía de la disposición más favorable a la persona humana; D) El de progresividad; E) El de irreversibilidad; F) El que acepta la presunción de autoejecución y de autoaplicabilidad 27.
20. Es cierto que el auge del Neoliberalismo en los últimos años del siglo
XX, con un inexplicable nuevo impulso en los recientes 28, además de haber
impedido la concreción de progresos en la regulación laboral en muchas sociedades,
ha creado en la doctrina laboral una serie de corrientes revisionistas de
diferente profundidad 29, varias de las cuales han auspiciado las llamadas reformas
laborales. Tales reformas han recorrido el mundo introduciendo una suma
de flexibilizaciones y derogaciones de las normas que conforman el Derecho
del Trabajo 30; pero hay motivos para esperar que la vigilancia de los tribunales
constitucionales, la presión social y sindical y la demostración del fracaso de
tales reformas 31, restablezca las posibilidades de constante progreso.
IV. CONSIDERACIONES FINALES
1ª. Desde el momento que las comunidades insatisfechas con la organización
social impuesta por el Capitalismo, reconocieron en sus instituciones
nacionales e internacionales que el trabajo debía gozar de protección jurídica,
se abrió el camino para un nuevo derecho, fundado en la Justicia social, con el
objetivo de garantizar dignidad en el trabajo a todos los seres humanos.
2ª. El Derecho del Trabajo se propuso restringir las libertades que el
derecho tradicional les garantizaba a los empresarios-titulares del capital y por
esta vía, promover el mejoramiento continuo de las condiciones de trabajo y
de vida de los trabajadores.
3ª. Por consiguiente, el Derecho del Trabajo está ligado a un proceso de
continuas restricciones a las potestades tradicionalmente ejercidas por los titulares
del capital.
4ª. La principal ventaja que el Derecho del Trabajo representa para la
sociedad en su conjunto y, desde luego para los titulares del capital y la que
mayores resistencias levanta en algunos sectores radicales, es su contribución
a la paz social.
5ª. Los empresarios, los economistas y los políticos que se adhieren a la
ideas del neoliberalismo han conseguido en los últimos años, revertir en muchos
países, la tendencia del Derecho del Trabajo hacia constantes progresos
en las condiciones de vida y de trabajo e incluso han impuesto retrocesos, de
modo directo o indirecto.
6ª. Por cuanto el trabajo es un derecho humano fundamental, la protección
de los trabajadores está amparada por normas constitucionales e internacionales,
que deben ser cuidadosamente respetadas y desarrolladas, cualquiera
sea el régimen de producción.
Notas
1 Profesor Emérito de la Facultad de Derecho de la Universidad de la República. Redactor,
fundador y Director actual de la revista Derecho Laboral.
2 V. Curso sobre la evolución del pensamiento juslaboralista, FCU, 2009, Capítulo IX.
3. En su versión extrema, esta idea está detrás de algunos atentados contra eminentes laboralistas, ocurridos en los últimos decenios del siglo XX, para muchos inexplicables, pues provenían de grupos que se definían como de izquierda. Tal el atentado contra Gino Giugni, identificado como autor del Statuto dei lavoratori , que representaba para Italia una avanzada renovación de las normas laborales.
4 Definición establecida por Émile JAMES, en Histoire du Travail, (Paris, 1947, pág. 151), luego de confrontarla con la de otros economistas.
5 Se trataba del art. 1791 que no fue derogado hasta 1868.
6 No era el caso del C.C. uruguayo, a pesar de que en 1867, la norma en el francés, que le servía de modelo, aun no se había derogado.
7 El livret ouvrier fue restaurado en Francia en 1791.
8 Inclusive se estableció en Uruguay por una ley en 1827 y en 1875 se incorporó al
primer Código Rural (Curso sobre la evolución del pensamiento juslaboralista, cit., Cap. III).
9 Los autores que se citan, son algunos de los que titularon de esa forma sus libros, aunque no necesariamente hayan sido los primeros y mucho menos los únicos que emplearon estas expresiones, que ya eran de uso corriente.
10 Tableau de l’état physique et moral des employés dans les manufactures de coton, de laine et de soie, (Textos escogidos y presentados por Yves TYL, París, 1971).
11 Formulación de atenuantes y mirada optimista, a las que no escapa el propio Dr.VILLERMÉ, no obstante la honestidad con que describe lo que ha visto (Tableau, cit, especialmente 2º Parte, Cap. II).
12 En un artículo de Eleonor WAUQUIER, se cita un texto de Victor Hugo en el cual, al defender la autenticidad de las situaciones que describía, afirmaba: “La injusticia social no tiene fronteras” (El País Cultural, Montevideo, año XX, n° 1025, pág.3)
13.Canuts o canuses, era el nombre que se le daba a los obreros y obreras de las textiles de la ciudad de Lyon (en español “Canutos”). V: Paul LOUIS, Histoire du Socialisme en France, M.Riviére ed., Paris, 1936, p. 107 y ss.
14 Varios de estos activistas no eran obreros, sino generosos luchadores por su causa. Basta ver la lista de los procesados, perseguidos y hasta ejecutados en esas primeras épocas, para comprobarlo. Tal el caso de varios de los que apoyaron la lucha por la reducción de la jornada de trabajo en Chicago y pagaron por ello con sus vidas (1886) que, como Spies, Fischer y Parsons eran periodistas.
15 No obstante recurrir al uso de la violencia, los luddistas alcanzaron un cierto apoyo popular en Inglaterra entre los años 1812 y 1813. Pero las autoridades les hicieron objeto de acciones represivas, que dieron lugar al procesamiento de gran número de los que participaban en sus actividades, incluso se dictaron contra ellos sentencias de destierro y también de muerte. El movimiento tuvo algunos nuevos empujes en fechas posteriores, propagándose a otros países, entre los cuales España.
16 Introducción a la Ciencia del Derecho, versión española, Madrid, 1930, p. 113.
17 Archives de Philosophie du Droit et de Sociologie Juridique, 1931, p. 388.
18 Sin perjuicio de reconocer en 1926, en su discurso de inauguración de la cátedra de la Facultad de Derecho, la significación positiva de las normas laborales, Frugoni, siguiendo a Marx, entendía que el objetivo último de la lucha de la clase obrera era reemplazar el sistema capitalista por una economía socialista (Cuadernillos de la Fundación Electra, Nº 10).
19 Como se sabe, actualmente el método más usado por los empresarios para escapar del Derecho del Trabajo, es el traslado de sus establecimientos a países en que no existan, existan en menor grado o no se apliquen las normas laborales y los controles administrativos y jurisdiccionales. En 1911, en pleno auge del capitalismo en los Estados Unidos, las tragedias resultantes de la libertad absoluta de los empresarios para imponer las reglas de trabajo, podían ocurrir y ocurrían en Nueva York. En 2013 una tragedia laboral aún más terrible acaba de producirse en las proximidades de Dacca, en Bangladesh.
20 GIUGNI, Gino, Diritto Sindacale, Cacucci, Bari, 1984, p. 12, siguiendo a R. Dahrendorf, Classi e conflitti di lasse, Laterza, Bari, 1963.
21 “La esencia del derecho del trabajo”, en Crisis económica y derecho del trabajo,
MTSS, Madrid, 1984.
22 Trabajo y derecho, MTSS, Madrid, p.48.
23 Rev. cit., p. 47.
24 JAMES, op. cit, loc. cit.
25 Así por ejemplo, Pierre VERGE entiende que se ha producido un ensanchamiento del campo del Derecho del trabajo, para incluir en él todas las formas de ocupación socialmente útiles, sin tener en cuenta que se trate o no de las retribuidas en la forma clásica (VERGE,en Evolución del pensamiento juslaboralista, FCU, p. 549 y ss).
26 A ese respecto, Supiot advierte que actualmente debe relativizarse el alcance de la oposición trabajo dependiente-trabajo independiente, puesto que la necesidad de seguridad del trabajador es algo válido por igual para las dos clases de trabajo. De allí que sea menester elaborar un Derecho laboral común, que se aplique lo mismo al trabajo independiente y al dependiente (Supiot Droit Social, núm. 6/1996, p. 4 y ss.). Resulta significativo que el 3er. Tema, que figura en el programa del IX Congreso Regional Americano de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social, que se realizará en Guayaquil en octubre de 2013, verse sobre: “El trabajador autónomo; su régimen legal y la extensión al mismo de normas e instituciones del
derecho del trabajo”. En ese mismo Congreso un Taller debatirá sobre: “El derecho internacional de los derechos humanos y el Derecho del Trabajo”.
27 Sobre estos principios y criterios V. El derecho universal del trabajo, Revista de la Facultad de Derecho de Montevideo, Uruguay. Nº 31, 2012, parte III.
28 No de otra forma puede calificarse este nuevo impulso del neoliberalismo, puesto que hubo general convicción de su responsabilidad en la crisis mundial que se inició en 2008.
29 Curso sobre la evolución del pensamiento laboralista, cit., Capítulos IX y X.
30 Teniendo presente la integral reforma de la LFT de México de fines de 2012, SÁNCHEZ CASTAÑEDA y REYNOSO CASTILLO han señalado que “el papel del DT como instrumento de justicia va cediendo terreno para convertirse en una herramienta de la economía y organizadores de las políticas públicas. Ahora el trabajador, como sucedía en el siglo XIX, tiene que adaptarse a las necesidades de la empresa. En estos tiempos, entre el sacrificio de la empresa o del trabajador, se elige a este último, porque se dice fundada o infundadamente, que hacerlo de otra manera implica la desaparición de las fuentes de trabajo, es decir de la empresa” (La nueva legislación laboral Mexicana, UNAM, 2013, p. 6). Más adelante estos autores agregan que “está en juego la concepción del DT como humanista y protector de la parte más débil de la relación laboral” (op. cit, p.8).
31 Sobre ese particular, Aparicio VALDEZ que era un laboralista, nada radical, que aceptaba algunas modalidades de flexibilización, ha dejado establecido que: “Mientras algunos economistas argumentaban que disminuir la protección laboral podía incrementar el empleo formal, en la práctica, el resultado fue una disminución de los costos de empleo y un incremento del empleo informal y a plazo fijo. Lo que no se incrementó, fue el trabajo decente. Aparicio Valdez concluye que el problema no es que las reformas del derecho laboral no hayan ido lo suficientemente lejos, sino más bien que la precariedad ha aumentado y los empleos de bajos salarios pueden ser “un resultado de la situación económica más que del derecho laboral” (Aparicio VALDEZ, rev. Análisis Laboral, 2003, p. 26).

 

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Edicion Nº   99     domingo, 04 de agosto de 2013

Edicion Nº   98     jueves, 04 de julio de 2013

Edicion Nº   97     martes, 04 de junio de 2013